El poder de alto calibre de los Gigantes destroza las murallas de los Marlins y Eury Pérez
A veces no hace falta un rally interminable para inclinar la balanza de un juego. Basta con un swing bien conectado, con ese sonido seco que corta el aire y anuncia problemas. Para los Marlins, la tarde del sábado se fue así, a golpes largos, mientras los Gigantes construían una victoria de 6-2 con la receta más contundente del béisbol: el jonrón.
Y en medio de esa historia quedó Eury Péretz, el talento de Miami que esta vez no logró imponer condiciones. No fue un desastre, pero tampoco fue ese brazo dominante que acostumbra a dictar el ritmo desde la lomita. En cinco entradas y un tercio permitió siete imparables y cuatro carreras, incluidos dos batazos de vuelta completa que marcaron el tono del partido.
Porque si algo tuvo claro San Francisco fue el plan: hacerle daño con poder.
El primer golpe serio llegó en el quinto episodio, cuando Drew Gilbert empató el marcador con un cuadrangular solitario que abrió la grieta. Pero fue en el sexto inning donde el juego cambió de manos de manera definitiva.
Casey Schmitt conectó un jonrón de dos carreras que puso a los Gigantes al frente y, de paso, dejó a Pérez caminando en la cuerda floja. Minutos después, un sencillo productor amplió la ventaja y terminó por sacar al dominicano del montículo.
Para entonces, el daño estaba hecho.
Miami había tomado una ventaja temprana en el tercer capítulo gracias a un sencillo impulsor de Xavier Edwards, pero la ofensiva volvió a quedarse corta. Seis hits en total, cinco boletos, pero apenas dos carreras. Demasiadas oportunidades desperdiciadas, especialmente en un parque donde no se puede jugar a medias tintas.
El golpe final llegó en el octavo inning, ya contra el bullpen, cuando Heliot Ramos desapareció la pelota por el jardín derecho para el tercer jonrón de la noche de los Gigantes. Ahí se terminó cualquier ilusión de remontada.
Del otro lado, el pitcheo de San Francisco hizo lo suficiente y un poco más. Robbie Ray contuvo a los Marlins durante cinco entradas y luego el relevo se encargó de cerrar la puerta sin mayores sobresaltos.
Miami maquilló el marcador en el noveno con un sencillo de Jakob Marsee, pero fue demasiado poco, demasiado tarde y al final la historia se resume en dos líneas claras: los Gigantes conectaron tres cuadrangulares y los Marlins no pudieron responder.
Y cuando eso sucede, no importa cuánto talento tengas en la lomita, la noche suele terminar cuesta arriba. Para Eury Pérez, queda pasar la página. Para los Marlins, mirar adelante.