Abridor de los Marlins iguala marca del cubano Liván Hernández y Miami sigue imparable
Max Meyer ya no puede pasar desapercibido. Cada salida del derecho de los Marlins fortalece una candidatura que hace apenas unos meses parecía improbable. Ahora, resulta difícil encontrar argumentos para dejarlo fuera del Juego de las Estrellas.
Con otra actuación dominante, Meyer lideró el viernes por la noche un triunfo 4-0 sobre los Cardenales de San Luis en Busch Stadium y confirmó que se ha convertido en el auténtico as de una rotación que ha impulsado el despertar de Miami.
La victoria permitió a los Marlins colocarse cuatro juegos por encima de .500, igualando su mejor marca de la temporada, además de sumar siete triunfos en sus últimos ocho compromisos para mantenerse firmemente en la pelea por un puesto de postemporada.
Meyer (9-3) trabajó siete entradas en blanco con apenas tres imparables permitidos, dos boletos y cinco ponches. Más allá de las estadísticas, volvió a transmitir esa sensación de absoluto control que ha caracterizado su campaña. Durante seis episodios apenas necesitó 66 lanzamientos para mantener completamente silenciada la ofensiva de San Luis.
Con ese desempeño enlazó su novena decisión ganadora consecutiva, igualando una marca histórica de la franquicia establecida anteriormente por Liván Hernández en 1997 y Pat Rapp en 1995.
El derecho volvió a apoyarse en un repertorio que ha evolucionado notablemente durante el último año, especialmente con un sweeper que pasó de ser un pitcheo secundario a convertirse en una de sus principales armas para dominar a los bateadores rivales.
Su única situación comprometida llegó en el séptimo inning, cuando golpeó a Iván Herrera y otorgó un boleto a Alec Burleson antes de permitir que las bases se llenaran. Sin embargo, Meyer volvió a demostrar la madurez que ha adquirido esta temporada al salir del problema sin permitir carreras y preservar el empate.
Hasta ese momento, el duelo monticular mantenía el marcador inmóvil.
La ofensiva de Miami finalmente rompió el cero en el octavo episodio gracias al recién ascendido Graham Pauley. Después de un sencillo de Esteury Ruiz y un robo de segunda base, Pauley conectó un doblete por la línea del jardín derecho para impulsar la primera carrera del encuentro.
El episodio estuvo marcado además por una inesperada interrupción de 27 minutos debido a la amenaza de lluvia, pero el paréntesis no frenó a unos Marlins que regresaron al terreno para ampliar la ventaja.
Con las bases llenas, Kyle Stowers conectó un rodado por primera base que permitió anotar a Pauley. Aunque inicialmente fue decretado out en el plato, la revisión de video cambió la decisión y otorgó una valiosa segunda carrera a Miami.
Jakob Marsee terminó de sentenciar el encuentro en el noveno inning con un sencillo productor de dos anotaciones, suficiente respaldo para un bullpen que completó la blanqueada.
Pero la historia de la noche volvió a tener un solo protagonista.
Mientras los Marlins continúan consolidándose como una de las sorpresas más agradables de la Liga Nacional, Meyer sigue acumulando argumentos para recibir la primera invitación al Juego de las Estrellas de su carrera. No solo figura entre los lanzadores más consistentes del circuito, sino que ha sido el motor de un equipo que ha aprendido a ganar detrás de su brazo.
A estas alturas de la temporada, dejar a Max Meyer fuera del clásico de mitad de campaña sería ignorar una de las mejores historias que ha regalado el béisbol en 2026.