Pedro Grifol, el hombre de Miami dentro de los campeones de la Serie Mundial
Como nunca antes en su vida Pedro Grifol supo entender el valor del silencio.
El primer día de primavera nadie entre los jugadores pronunció una palabra de redención, ninguno de los coaches y mucho menos el manager Ned Yost montó algo parecido a una arenga, pero algo le decía a Grifol que los Reales de Kansas City volverían a subir la montaña de la Serie Mundial.
Apenas unos meses antes, el equipo había quedado muy cerca de acariciar el trofeo de campeón en el Clásico Otoñal del 2014, donde el brazo de Madison Bumgarner se había erigido como un muro entre ellos y la gloria.
"Nada más que puse un pie en el campamento primaveral, me di cuenta que el hambre de triunfo no había disminuido una pulgada'', recordó Grifol, entrenador de receptores del club. "Al contrario, podía ver en todos esa rabia contenida de ir por aquello que se había escapado. La meta no podía ser otra que volver a octubre''.
Nacido en Miami de padres cubanos, Grifol había vivido con intensidad ese primer viaje a la Serie Mundial, que resultó una especie de premio luego de tantos años en Ligas Menores, primero como jugador y luego como coach.
Atrás habían quedado los tiempos de infancia en Kendall y los días en que comenzó a destacarse como pelotero en el preuniversitario Columbus, ese crisol de talento para el béisbol en el condado.
"En Miami nació mi pasión por la pelota y mi deseo de alcanzar las Grandes Ligas y una Serie Mundial'', apuntó Grifol, de 45 años y quien hoy reside en Arizona. "¿Qué niño de Miami no sueña con algo así, con estar en una Serie Mundial, séptimo juego?''.
Con una beca para la Universidad Estatal de la Florida, Grifol llegó a participar en dos Series Mundiales Colegiales con los Seminoles en 1989 y 1991, cuando fue elegido al equipo All-American.
Después de que los Mellizos lo eligieran en la sexta ronda del Draft, inició su aventura en el sistema de granja que le llevó a los Mets de Nueva York, aunque tras varios intentos Grifol tuvo que aceptar la realidad de que como pelotero le sería muy difícil alcanzar la gran carpa.
"No me siento triste ni decepcionado por eso'', explicó desde Kansas City. "Me entregué por completo, di mi mayor esfuerzo y no me quedó nada por ofrecer. Cuando enfrenté la realidad, me dije que seguiría vinculado al béisbol de cualquier manera posible''.
Y la mejor manera le llegó en distintas responsabilidades, desde ser director de operaciones de Ligas Menores de Seattle hasta manager de los Cardenales de Lara en Venezuela y finalmente coach de receptores de Kansas City.
Con los Reales, Grifol tuvo la suerte de trabajar muy de cerca de Salvador Pérez, quien no por gusto fue seleccionado Jugador Más Valioso de la Serie Mundial por su bateo y su mano maestra detrás del plato.
"Pérez es un hombre de hierro, con una resistencia a prueba de balas'', apuntó Grifol. "Pero a pesar de su enorme anatomía, es un catcher muy inteligente. Para mí es el mejor de todas las Mayores, por esa mezcla de estrategia con potencia. Ningún otro receptor tiene esas dotes tan bien ligadas''.
Y cuando a Pérez levantó su trofeo al final de una serie ganada 3-1 a Nueva York, Grifol sintió que su mano también acariciaba el metal del triunfo.
"Recordé ese momento de marzo, cuando entré por primera vez al clubhouse de primavera y vi los rostros de los muchachos'', recalcó el cubanoamericano. "Sabía que algo especial pasaba por sus mentes. Entonces no lo sabíamos, pero ya habíamos comenzado a ser campeones''.
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Esta historia fue publicada originalmente el 5 de noviembre de 2015, 2:12 p. m. with the headline "Pedro Grifol, el hombre de Miami dentro de los campeones de la Serie Mundial."