Béisbol

Hipocresía, injusticias y errores sobran en la elección de Cooperstown


RANDY JOHNSON con el uniforme de Arizona en la temporada del 2002.
RANDY JOHNSON con el uniforme de Arizona en la temporada del 2002. AP

Este próximo 6 de enero se anunciará el resultado de la votación de los miembros de la Asociación de Cronistas de Béisbol de Norteamérica (BBWAA) sobre la elección de nueva figuras para Cooperstown, el sitio de los inmortales del deporte de las bolas y los strikes.

Un total de 34 peloteros estuvieron en las boletas y la mayoría de ellos reúnen los atributos para pertenecer al Salón de la Fama. Pero sólo tres o cuatro serán elegidos. Ahí se encuentran los nombres de Pedro Martínez, Randy Johnson, Barry Bonds, Roger Clemens, Jeff Bagwell, Mike Piazza, Tim Raines, John Smoltz, Gary Sheffield, Mark McGwire y varios otros hasta superar la treintena.

A mi juicio, Martínez, Johnson y Smoltz deben ser elegidos sin problemas. Quienes voten en contra, lo haran más por cuestiones personales que por historia beisbolera, y esto realmente no debería existir en una institución que enarbola honrar la excelencia. Sin embargo, si eligen a Johnson sería controversial ya que el serpentinero zurdo es otro sospechoso de usar esteroides.

No se entienden muchas cosas, pero en especial hay dos temas que llaman la atención.

El primero, muchos de estos jugadores actuaron en una época donde se usó el esteroides, pero el mismo estaba tolerado. Lo segundo, no es correcto mantener esperando ocho, diez y hasta doce años a peloteros que por su historia deportivo se encuentran entre los mejores de la historia.

Rechazar a los peloteros que merecen estar en el Salon de la Fama lo que hace es acumular figuras año tras año hasta sumar un grupo largo que hace más difícil la selección.

Cuando se le niega el voto a un jugador con méritos, esto demuestra que el sistema de votación tiene errores. Sabemos que es un voto libre. Pero en un deporte de estadísticas como el béisbol, deberían existir parámetros que indiquen cuándo un pelotero debe ser elegido en base a su rendimiento por la posición que ocupó y por sus temporadas.

Al no existir dichos parámetros se cometen injusticias, pues muchos de los periodistas (seres humanos imperfectos) votan por lo que sienten, y en incontables ocasiones se ha demostrado que lo hacen por nacionalidad y preferencias de jugadores.

Si no fuera así… ¿Se podría justificar que Roberto Alomar haya superado de un año a otro casi el 17% de la votación?. ¿Acaso sus méritos no eran los mismos en el 2010 que en el 2011 cuando fue elegido? ¿Y los atributos de Bert Bryleven que ingresó en su oportunidad número 15. ¿Cuál es la diferencia en las estadísticas de Bryleven entre el año que fue elegido y las 14 votaciones anteriores?

Estrellas como McGwire, Rafael Palmeiro, Sammy Sosa y Juan González, por sólo citar a cuatro de ellos, han recibido el rechazo de una gran parte de los periodistas encargados de votar.

Palmeiro es uno de los cuatro bateadores con más de 500 jonrones (569) y 3,000 hits (3,020). Por sus números, merecía ser elegido en su primera votación. ¿Por qué ha sido rechazado? Al habanero lo persigue el temible fantasma de los esteroides.

En un momento que nadie olvida, el pelotero negó el uso de esteroides durante una audiencia en el Congreso (2005). Meses después dio positivo y se lo atribuyó a una inyección de vitamina B-12 que le dio Miguel Tejada.

González, con números respetables, tambien ha sido ignorado una y otra vez, ¿Por qué? Sospecha de usar esteroides. Pero el boricua no dio positivo. ¿Cómo es posible que se castigue a un atleta que no se la comprobado culpabilidad?

Lo mismo ha sucedido con McGwire, décimo entre los jonroneros. ¿Razón? Admitir el uso de esteroides.

Estamos en contra del uso de los esteroides en los deportes. Creemos que los peloteros que lo consuman deben ser sancionados y en casos de repetición ser suspendidos de por vida. Pero no estamos de acuerdo en que los periodistas con derecho al voto para Cooperstown castiguen a los peloteros que cometieron dichos errores en una etapa del deporte donde los esteroides no estaban sancionados.

Existen seis puntos que queremos mencionar sobre el controversial tema de los peloteros que están siendo rechazados por el uso o sospecha de esteroides.

Primero: Los esteroides no estaban prohibidos cuando algunos de estos jugadores lo utilizaron. Por lo cual, no infringieron leyes, más bien hicieron lo que las propias autoridades deportivas permitían hacer.

Segundo: La MLB estaba consciente de lo que sucedía alrededor de los esteroides y jamás mencionó nada hasta que la bomba explotó por medio de individuos sin escrúpulos en busca del dinero y la fama.

¿Cómo iban a decirlo cuando el espectáculo de jonrones entre Sammy Sosa (66) y Mark McGwire (70) en 1998 convenía económicamente a la MLB.

Si se van a castigar a los peloteros que utilizaron esteroides cuando no eran sancionados, entonces se debería castigar al propio comisionado que siendo el encargado de velar por los mejores intereses éticos de este deporte viró la espalda a sus deberes y se convirtió en cómplice del supuesto pecado. Pero el comisionado es casi intocable al ser afín a los intereses de la mayoría de los propietarios de equipos.

Tercero: La situación lo sabía el Sindicato de Jugadores, pero también querían los jonrones.

Cuarto: Los entrenadores de bateo lo conocían, pero no les interesaba pues al conectar más jonrones sus pupilos, ellos podían solicitar más dinero y ser más cotizados como instructores en la MLB.

Quinto: El uso de esteroides lo conocían muchos mánagers, dirigentes y dueños de equipos.

Sexto: Un gran número de periodistas que han castigado a Palmeiro y González, y que volverán a castigar en esta ocasión a Bonds y McGwire, también conocían del problema al estar muy cerca de los peloteros en los juegos y clubhouses.

¿Qué hicieron? Se callaron y no cumplieron con el deber de informar a los lectores. ¿Cuántos periodistas lo hicieron? Ahora, muchos de ellos que no tuvieron el coraje de decir lo que sucedía, son los que castigan con juicios morales a peloteros que escribieron historia en el deporte de Babe Ruth y Joe DiMaggio.

En medio de tanta falsedad surgen otras preguntas: ¿Por qué castigar a peloteros que utilizaron métodos incorrectos, pero que estaban tolerados? ¿Dónde está la famosa lista de 103 peloteros que dieron positivo? Luce enterrada, al parecer porque no conviene mencionar algunos de sus nombres.

¿Por qué no se señalan a todos los que conocían del problema y se callaron? La complicidad también es un delito y los hace culpables.

A mi juicio, se debería eliminar las barreras por sospechas o por usar sustancias que no estaban sancionadas en el momento en que actuaron los jugadores.

Figuras como Bonds, Palmeiro, McGwire, Sosa y González están ubicados entre los mejores bateadores de todos los tiempos, con o sin esteroides. Ellos merecen estar en Cooperstown.

Lo mismo podemos decir sobre la mayoría de los miembros del Comité de Veteranos que año tras año han olvidado a legítimas leyendas del béisbol latinoamericano como los cubanos Tony Oliva, Luis Tiant y Orestes Miñoso.

Lo hemos dicho en otras ocasiones y hoy lo repetimos: el sistema de votación para elegir a los peloteros al Salón de la Fama tiene errores.

Sería aconsejable que los periodistas que no están comprometidos con tanta hipocresía levanten sus voces para exigir una postura diferente con los peloteros que hicieron lo que se permitía y a los restantes que actuaron en otras etapas de la historia.

Es necesario una modificación en el sistema de votación para entrar al Salón de la Fama. De lo contrario, Cooperstown seguirá siendo un pabellón imperfecto donde se violan los preceptos que guiaron su creación: Preservar la historia, honrar la excelencia y unir generaciones.

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de enero de 2015, 9:46 p. m. with the headline "Hipocresía, injusticias y errores sobran en la elección de Cooperstown."

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