La decencia y la justicia deben prevalecer en la votación para Cooperstown
La Asociación de Cronistas de Béisbol de Norteamérica, organización a la que pertenezco, eligió el miércoles a dos peloteros al Salón de la Fama en Cooperstown: Ken Griffey Jr y Mike Piazza.
Para ambos, es un merecido reconocimiento. Aunque muchas personas desean conocer quiénes fueron los tres periodistas que no votaron por Griffey. Se dice que es un problema técnico, ya que cada votante puede marcar a 10 jugadores en sus boletas y al saber que Griffey sería elegido de manera mayoritaria le dejan ese espacio para otro pelotero.
Pero no darle el voto a quien lo merece para darlo a otro que lo merece menos, o no darle el voto año tras año a quienes reúnen las credenciales para después cuando van a su última elección darlo, lo que hace es traer problemas de injusticias.
Esta y otras causas impiden que se realice una elección justa, hace que se acumulen nombres con méritos y cada año aumentan las figuras que desde la votación normal pasan a la elección a través del Comité de Veteranos,
Griffey entró en su primera elección porque de no haber ocurrido el escándalo hubiera sido de envergadura nacional, pues Griffey está ubicado entre los más grandes peloteros de todos los tiempos.
Pero Piazza, que entró con 365 votos para el 83%, lo merecía antes. Sonó 427 jonrones, impulsó 1,335 carreras, con promedio de .308 y slugging de .545 (28vo de la historia), siendo el receptor con mayor número de cuadrangulares en Grandes Ligas.
Pero a Piazza lo aguantaron en sus tres primeros años de elección para sacarlo ahora y dejar afuera a otros que lo merecen.
Nosotros queremos hacerle varias preguntas a los colegas que votan en contra de quienes reúnen credenciales. Empecemos.
¿Para analizar a un jugador, cuál es la diferencia en méritos entre el primer año y el décimo en las boletas?
¿Por qué aguantar tanto tiempo a los jugadores que merecen ser elegidos?
¿Alguien me puede decir que Jeff Bagwell no lo merece cuando acumula 449 jonrones, 1,529 impulsadas, .297 de promedio y .408 de embasamiento?
¿Quién me puede explicar que un primer bate como Tim Raines, que es el quinto mejor robador de bases de la historia con 980, con un average de 294, 2,605 imparables, 1,571 anotadas y .385 de embasamiento, no merece estar en Cooperstown?
¿Quién me explica que un cerrador como Trevor Hoffman con 601 juegos salvados, 1,133 ponches en 1089.1 entradas y 2.87 de efectividad, tenga que estar esperando para ser honrado?
¿Alguien puede negarme que el puertorriqueño Edgar Martínez, una excelencia como bateador con average de .312, con 309 jonrones y un embasamiento de .418 (#21 de todos los tiempos), no tenga los méritos?
En el Salón de la Fama merecen estar Roger Clemens, uno de los grandes serpentineros de la historia, Barry Bonds; uno de los mejores peloteros, Mark McGwire; uno de los más prolíficos jonroneros y Sammy Sosa con 609 cuadrangulares y 1,667 carreras impulsadas.
Sabemos que ellos jugaron en la era de los llamados esteroides. Pero Piazza también y ahora entró a Cooperstown, como algunos otros que han ingresado en los últimos años.
Es bueno recordar que muchas sustancias utilizadas por estos jugadores para aumentar el rendimiento estaban autorizadas en una etapa y después fueron prohibidas cuando se destapó el escándalo.
El uso de esteroides lo conocía el Comisionado de Béisbol, los mánagers y propietarios de equipos, los entrenadores y hasta los periodistas que ahora no le dan el voto a quienes fueron héroes en otra etapa de la historia.
Pero como el negocio era muy grande, los jonrones de Sosa, McGwire y Bonds convenían. Castigar a quienes utilizaron sustancias que en una etapa estaban toleradas, es injusto.
El Salón de la Fama de Grandes Ligas no es un recinto de santos, ni de monjas, es un sitio para los mejores peloteros. Si para entrar se requiere no haber cometido pecado, entonces hay que sacar a quienes no fueron modelos de conducta ni fuera ni dentro del terreno de juego, desde la época del primer comisionado de béisbol Kenesaw Mountain Landis.
Algunos fueron racistas, borrachos, violentos con sus mujeres y familias. Todos tuvieron errores y defectos. Los legendarios Babe Ruth y Ty Cobb fueron peloteros estrellas, no fueron santos. Y por estar en el grupo de los mejores, sus nombres están en el Nicho de los Inmortales.
A mis colegas de la Asociación de Cronistas de Béisbol, les recuerdo: Muy pronto llegarán nuevos aspirantes con méritos, entre ellos el puertorriqueño Iván Rodríguez y el venezolano Omar Vizquel. Por favor, no sigan acumulando nombres que merecen estar en Cooperstown.
A los miembros del Comité de Veteranos, les ruego: “Cuando regresen a la votación los cubanos Orestes Miñoso, Tony Oliva y Luis Tiant, no lo sigan despreciando. Ellos merecen estar en el Salón de la Fama.
Miñoso por ser una estrella en una época de discriminación racial y por ser el “Jackie Robinson Latino en Grandes Ligas’’. Oliva por ser uno de los mejores bateadores de su época que en sus últimas cinco temporadas jugó bateando casi con una pierna. Y Tiant, por tener números mejores que algunos lanzadores de Cooperstown.
No traicionen la decencia y la justicia.
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de enero de 2016, 10:34 p. m. with the headline "La decencia y la justicia deben prevalecer en la votación para Cooperstown."