El vía crucis del gigante perdido de Miami
La vista perdida, el cuerpo rígido y la mente en blanco…
Así parece vagar por la vida Giancarlo Stanton después de cada ponche, como si no tuviera rumbo fijo y cargara el peso del mundo sobre sus tremendos hombros. El pelotero más fuerte físicamente de las Grandes Ligas es un desastre emocional al encarar su mal momento ofensivo.
"Estoy jugando como basura'', reconoció Stanton tras finalizar el choque del miércoles, una derrota 4-2 a manos de los Filis. "No puedo hacerlo más''.
¿Cuánto más puede hacerlo? Eso es lo malo, mucho más. La carrera de Stanton ha estado marcada por picos y valles que se suceden como una geografía abigarrada, pero la constante final terminaba favoreciendo al slugger de poder casi sobrenatural, quien sigue acumulando jonrones e impulsadas.
Sucede que estos últimos días califican como uno de sus peores valles, porque la serie en Filadelfia le dejó un sabor amargo de nueve ponches y siete de ellos encadenados, haciendo sufrir un ataque de por sí no muy potente, que digamos.
"No creo que podemos poner toda la responsabilidad encima de Giancarlo'', recalcó el manager de los Marlins, Don Mattingly. "El es solo uno más en el equipo, pero en estos dos últimos juegos hemos visto sus peores turnos de la temporada''.
Ah, siempre hay que tomar en cuenta la parte de los "peros'' en las declaraciones, porque generalmente encierran lo sustancioso de las palabras y lo cierto es que el mejor contacto de Stanton en Filadelfia se produjo en el dugout, cuando el pelotero destrozó su bate de pura rabia.
¿Entonces, qué hacer con Stanton, el hombre de los $325 millones y 13 temporadas? Dos corrientes de pensamiento se apartan en los casos de los jugadores considerados estrellas: mirar videos, encontrar problemas mecánicos y corregirlos; no hacer absolutamente nada y dejar que el propio pelotero encuentre la salida.
Uno se inclinaría a pensar que, con Barry Bonds y Frank Menechino compartiendo labores de coaches de bateo, el camino estaría en la primera línea de acción, aunque tomando en cuenta la personalidad aislada de Stanton, también haría falta algo de la segunda.
Que se ponche Stanton no es motivo de preocupación. Lo alarmante es el ritmo que lleva, al punto que por estos días alcanza un 37 por ciento de sus turnos, cuando históricamente suele girar entre 20 y 30. No es que haga swing a una bola y falle, sino la lejanía entre el bate y la pelota, la desconexión entre muñecas y ojos.
Siempre se ha dicho que para el avance de estos Marlins -sin desconocer al resto- es imprescindible que los talentos de José Fernández y Stanton giren de manera coordinada, como un bello mecanismo de relojería. Al equipo solo le queda esperar que la manecilla de su gigante ofensivo comience a girar a otra revolución.
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Esta historia fue publicada originalmente el 19 de mayo de 2016, 3:22 p. m. with the headline "El vía crucis del gigante perdido de Miami."