Béisbol

Fanáticos de Miami, ¿le han dado la espalda a los Marlins o a Loria?

EL PROPIETARIO Jeffrey Loria, el presidente de Operaciones de Beisbol, Michael Hill (c) y el lanzador Wei-Yin Chen (d) cuando fue presentado en el Parque de los Marlins el 19 de enero del 2016.
EL PROPIETARIO Jeffrey Loria, el presidente de Operaciones de Beisbol, Michael Hill (c) y el lanzador Wei-Yin Chen (d) cuando fue presentado en el Parque de los Marlins el 19 de enero del 2016. pportal@elnuevoherald.com

La excusa parece eterna y es válida: la gente no va al estadio porque no cree en Jeffrey Loria, David Samson y compañía, pero duele mucho ver las más de las veces las gradas medio vacías donde debiera habitar un público capaz de aplaudir lo que han hecho estos Marlins en los primeros dos meses de temporada.

Hay otras. El precio de las entradas, la economía de Miami, el mal transporte público, la lluvia, el calor…oh, perdón, esas dos últimas ya no aplican, pero aquí sustituimos una por otra: el mal acuerdo entre el equipo y la ciudad por ese parque techado que le ha costado millones a la ciudad.

Justo antes del comienzo este viernes de la serie contra los Mets -donde se esperan mejores asistencias gracias a los fanáticos del norte-, los peces se encontraban en el puesto 27, como el peor cuarto equipo en asistencia, solo por detrás de Oakland, Tampa Bay y Cleveland.

Los Marlins promedian 19,752 aficionados por juego y 553,309 almas habían pagado sus boletos en la taquilla del edificio que, efectivamente, se construyó en gran medida con dineros públicos en el corazón de La Pequeña Habana.

Aquí la pregunta no es si la población perdonará algún día al propietario y al presidente del club -al mando cuando el triunfo en la Serie Mundial del 2003-, sino: ¿podrán deslindar entre el desprecio por los ejecutivos y el esfuerzo de los jugados?

No parece ser el caso por el momento. Lo que ha logrado esta versión de los Marlins en abril y mayo resulta notable con un roster en el cual, para decirlo sin tapujos, existe una sola súper estrella: José Fernández.

Cuando Dee Gordon fue suspendido 80 juegos el 29 de abril por infringir la política de sustancias prohibidas, el equipo pudo doblegarse, encontrar la excusa perfecta para tirar la temporada por la borda, pero no lo hizo.

Cuando Giancarlo Stanton cayó en un letargo -aún no ha salido de él- profundo y prolongado, el equipo pudo seguir el camino del pelotero mejor pagado de la historia y sumergirse en la apatía ofensiva, especialmente aquellos de salario escaso y proyecciones mínimas.

El bullpen se muestra a ratos inconsistente, a los abridores les cuesta trabajo alcanzar la quinta y sexta entradas, el banco -Dios bendiga a Ichiro Suzuki- no impresiona a primera vista, pero…

Los Marlins, con una nómina de $84,637,500 -la quinta peor de las Mayores-, se resisten a caerse de los .500, se encuentran en la tercera plaza divisional por encima de unos Filis que fueron la primera sorpresa del 2016 y un juego de distancia de los Mets por el segundo puesto.

"Esto no dura'', suelen decir algunos; "Loria no merece este equipo'', afirman otros, pero ¿merecen los jugadores la indiferencia de los aficionados locales? ¿Aprenderán algún día los fanáticos de Miami a diferenciar entre dueño y peloteros, o la línea divisoria se ha borrado para siempre?

Siga a Jorge Ebro en Twitter: @jorgeebro

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de junio de 2016, 4:12 p. m. with the headline "Fanáticos de Miami, ¿le han dado la espalda a los Marlins o a Loria?."

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