Béisbol

En medio de problemas, Miami respira la bendición del samurai

ICHIRO SUZUKI tras pegar un hit el 21 de mayo contra los Nacionales en Miami.
ICHIRO SUZUKI tras pegar un hit el 21 de mayo contra los Nacionales en Miami. mocner@miamiherald.com

Martín prado lo llama "una bendición'', Marcell Ozuna le adjudica el título de "segundo maestro'', mientras José Fernández le dedica un elogio que emana respeto por los cuatro costados: "es un Dios''.

¿Cómo puede este menudo jugador, de cuerpo fibroso, ocupar tanto espacio en la estima de sus colegas? Ichiro Suzuki vive en un mundo aparte, donde penetran muy pocos, a los que él deja entrar en raras ocasiones.

Ni ahora que se encuentra a 29 imparables de los 3,000 nada parece trastocar sus días, ni el pasar por encima de la lista histórica a hombres como Frank Robinson o su propio coach de bateo, Barry Bonds.

"No es nada del otro mundo'', comentó recientemente Ichiro, cuando dejó atrás los 2,961 de Sam Crawford para ubicarse en el puesto número 31 de todos los tiempos en hits. "No es una marca para recordar, ni va a impresionar a la gente''.

La gente, querido Ichiro, ya está impresionada: con tus 10 temporadas de 200 o más indiscutibles, tus siete Guantes de Oro y siete Juego de las Estrellas, pero lo que más impresiona es el momento, el ahora, el tiempo de cosecha de reverencias, tan propias del mundo asiático.

"Ver cómo se prepara cada día es algo impresionante'', explicó Prado. "Algún día podré decirle a todos que jugué al lado de un grande, de un jugador para todas las épocas. Su ética de trabajo no tiene rival''.

Su método de entrenamiento tampoco. Delante de su taquilla, Suzuki extiende mantas y máquinas que escapan lo convencional, son hechas a su medida y el resto de los jugadores las miran como se hubiera contemplado un artefacto salido de la mente de Leonardo DaVinci.

Nadie pregunta. Sobre Ichiro nadie pregunta, solo se admira. A los 42 años es la historia misma y si se combinan los 1,278 hits que pegó en Japón con 2,971 de las Mayores, su total quedaría a siete de los 4,256 de Pete Rose, aunque él mismo es el primero en restarle méritos a esa sumatoria.

De seguir con el ritmo actual, Suzuki llegará a los 3,000 a fines de julio o principios de agosto, pero mucho dependerá de la salud -física y mental- de Christian Yelich, Ozuna y Giancarlo Stanton. Un repaso a simple vista de la trayectoria de los tres dirá que al nipón no le faltará tiempo de juego.

Ninguno de ellos, todavía, en estos momentos, sabe calcular la ruta de fildeos en los jardines mejor que Suzuki, y salvo Stanton, ninguno de los otros dos posee el látigo y la precisión en sus tiros a las bases, como hace poco demostraran unas prácticas en el outfield.

Sí, pueden ser las máquinas, pero sobre todo la voluntad y la consistencia. El hacer siempre la misma rutina en la calma y en la tormenta, con 10 imparables en tres juegos o tres juegos sin un imparable, en medio del halago abrumador o la crítica desoladora. Este hombre no cambia nada y Barry Bonds apenas cruza una palabra con él en lo referente al bateo: "¿Qué le puedo decir? ¿Qué le voy a enseñar?''.

Reservado al máximo, no va en busca de sus compañeros, aunque tampoco se niega a compartir un consejo. Ozuna lo busca a menudo, y si considera a Bonds su primer maestro, Suzuki aparece como el segundo. La casualidad no tiene nada que ver en que el dominicano batee para .314.

"Sí, hablamos mucho y cómo no hacerlo cuando delante ti está un monstruo de la ofensiva'', reveló Ozuna, quien se comunica mediante un intérprete. "Sería un error de mi parte no aprovechar estos meses y aprender lo más que pueda. Espero tener más conversaciones con él. Todos estamos asistiendo a clases magistrales cada vez que se para en la caja. Eso no tiene precio''.

Siga a Jorge Ebro en Twitter: @jorgeebro

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de junio de 2016, 2:17 p. m. with the headline "En medio de problemas, Miami respira la bendición del samurai."

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