Dentro de un juego inconsecuente, los Marlins encuentran tímidos rayos de esperanza para el futuro
Para nadie es un secreto que estos juegos tienen más importancia personal que colectiva.
Los Marlins como equipo solo están completando un calendario donde las victorias llevan poco peso y donde al menos se trata de evitar la vergonzante marca de 100 derrotas.
En lo individual, sin embargo, la situación es muy diferente, pues la mayoría de quienes forman el róster actual están bajo una especie de lupa que se agita desde la oficina central de lo organización en la mano del presidente de operaciones de béisbol, Peter Bendix, y sus lugartenientes.
Que los Marlins hayan derrotado este jueves 12-8 a los Rockies no es trascendente en lo absoluto, como necesario para ver quiénes vienen dando los pasos concretos y abren los ojos de quienes toman decisiones o las tomarán cuando llegue la próxima primavera.
Más que este juego en específico, la serie entera ante Colorado ha servido para percibir un talento que ha llegado en esta oleada de canjes -impulsada por el propio Bendix- y donde sobresalen los nombres de figuras jóvenes como Connor Corby, Kyle Stowers, Derek Hill y Griffin Conine.
Todavía es muy pronto para lanzar campanas al vuelo y aprobar lo hecho por Bendix y solo el tiempo y la evolución de estos peloteros dirán la última palabra, pero al menos existe una dinámica diferente, a pesar de lo que muestren la pizarra y los resultados puntuales.
Hill pegó dos cuadrangulares e impulsó tres carreras, Stowers parece otro muy distinto al de los primeros días con los peces y se fue con tres imparables, incluido un doble, además de impulsar cuatro, mientras que Norby pegó dos indiscutibles, robó una base, remolcó una y anotó dos.
Conine no pudo ser un factor en este encuentro, pero sí en los dos anteriores, de modo que Miami pudiera estar en la parta inicial de la creación de un núcleo futuro que pudiera mejorarse con algunas adiciones y con el regreso, si no ocurre algún contratiempo, de brazos como los de Sandy Alcántara. Eury Pérez y Jesús Luzardo.
Pero no todo es color de rosa ni todos los pasos son adelante porque Valente Bellozo atraviesa por un momento complicado y ya no se le ve al lanzador mexicano esa capacidad para sacar outs como sí lo hiciera en sus primeras presentaciones en Grandes Ligas.
Si le fue mal en su salida previa ante Chicago, ahora dejó mucho que desear al permitir seis anotaciones con siete imparables en apenas cuatro entradas de actuación, pero le conectaron tres cuadrangulares para llegar a nueve en su cuento en ocho aperturas.
Evidentemente, la novedad ha ido pasando y los equipos, con varios reportes estadísticos y estudios de tendencias, han hecho los ajustes ante Bellozo, quien ahora debe responder con los suyos o de lo contrario ver como sus opciones de integrar la rotación del 2025 pasan a un segundo plano.
Más allá de los destaques individuales, no resultó un buen juego de béisbol gracias a la pobre actuación de ambos cuerpos de lanzadores y la realidad deprimente de dos conjuntos que viven en el sótano de sus respectivas divisiones y aplazan sus esperanzas para tiempos mejores.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de agosto de 2024, 6:14 p. m..