Lanzador de los Marlins firma joya... y se la arrebatan del guante, mientras los Filis se roban la victoria en Miami
Era una actuación digna de ser enmarcada.
Una joya monticular que merecía terminar con aplausos y no con suspiros. Edward Cabrera estaba escribiendo una de las mejores páginas de su carrera con los Marlins, pero la historia terminó como tantas otras en el béisbol moderno: con el as saliendo del juego cuando aún quedaba mucho que ofrecer.
Con solo 82 lanzamientos en el brazo y un dominio absoluto sobre los Filis, Cabrera fue retirado del montículo en la séptima entrada por el mánager Clayton McCullough, en una decisión que no tardó en explotar en su contra.
Como si se tratara de un guion repetido, el relevo no pudo sostener la mínima ventaja y Filadelfia terminó imponiéndose 2-1, ganando tres de los cuatro duelos de esta serie en loanDepot park.
“Me sentía muy bien y no tenía ningún problema para continuar’’, expresó Cabrera, con la serenidad de quien no necesita alzar la voz para expresar una gran frustración.
“Pero una vez que me quitan la pelota de la mano, no lo voy a cuestionar. El mánager toma esas decisiones y uno tiene que respetarlas’’.
Y esa es quizás la parte más difícil de asimilar para un equipo que, en medio de una temporada cuesta arriba, necesita cada luz que brille con fuerza.
Cabrera había caminado por la tierra prometida de la séptima entrada, pero, como el resto de los abridores de los Marlins en 2024, no pudo completarla.
De hecho, ningún lanzador de Miami ha logrado cubrir siete episodios completos este año, algo que retrata en buena medida el momento y la filosofía del cuerpo técnico.
Hasta ese instante, todo iba bien. Los Marlins ganaban 1-0 gracias a un hit de piernas de Nick Fortes en el quinto inning, que empujó a Dane Myers desde tercera.
Pero en cuanto Cade Gibson tomó la pelota, los Filis llenaron las bases y Bryson Stott conectó un rodado que permitió el empate.
Poco después, Kyle Schwarber, apagado en los juegos anteriores, se desquitó con un jonrón solitario en la octava ante Anthony Bender para sellar la remontada.
“Cabrera había realizado una gran faena, pero confío en los lanzadores que tengo listos para trabajar como Cade y Anthony’’, defendió McCullough.
“Uno no puede vivir en un mundo paralelo ni dudar de sus decisiones. Uno las toma y sigue el proceso’’.
Pero la realidad paralela sí existe en los corazones de los aficionados que se preguntan por qué se saca a un lanzador dominante que aún no llegaba a los 85 pitcheos.
Cabrera, más allá de la derrota del equipo, está atravesando su mejor momento en las Grandes Ligas.
Sin los fantasmas recurrentes de las lesiones, el dominicano ha encontrado estabilidad y se está convirtiendo en un pilar real de la rotación.
“Me siento bendecido y le doy gracias a Dios por cada día que vengo al estadio’’, comentó Cabrera.
“Ahora estamos viendo el fruto del trabajo, de aprender de los errores y crecer con la ayuda de los entrenadores del equipo. No quiero que este momento termine’’.
Por ahora, el momento sigue. La confianza del equipo en él, también. Pero lo que no cambia es esa sensación amarga que queda cuando se le quita la pelota a un as en plena joya. Porque a veces, la victoria no está en la estadística, sino en dejar que el juego respire solo.
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de junio de 2025, 10:11 p. m..