El boxeo juega a la ruleta rusa y se da un tiro con el robo a Kovalev
Dicen que lo que sucede en Las Vegas, se queda en los difusos límites de la ciudad, pero el escándalo que sacude el boxeo hasta sus cimientos no debe confinarse a esta urbe construida sobre sueños rotos, encima de mentiras amontonadas, como esta de la decisión de la pelea entre Sergey Kovalev y Andre Ward.
Hasta este sábado nos arrastramos los fanáticos duros del este deporte lleno de manchas y colores ocres, esperando la redención de un año terrible y horrible, donde la decepción ha sido palabra de orden y la impotencia la marca nefasta.
Supuestamente, Kovalev-Ward iba a devolver parte de la maltrecha esperanza. Aquí estaban, frente a frente, los dos mejores de una división, dos estilos diversos y dos formas de entender y vivir el boxeo. Era la atmósfera ideal para recibir en vena la inyección que levantaría a un moribundo. Supuestamente.
Pero una vez más el boxeo nos vuelve a dejar tirados por el suelo, elevando los brazos al cielo por una justicia que tarda siempre y casi nunca llega. No hay manera de explicar el robo a Kovalev, no hay forma de justificar el daño repetido que se le hace a la erosionada confianza de los fanáticos, esos que cada vez son menos.
Era risible escuchar a los comentaristas de HBO -una de las grandes beneficiadas de este sábado y de la potencial revancha- intentando poner algún fundamento en este edificio carcomido, cuando la boleta de Harold Lederman, su propio votante, de la prensa reunida al borde del cuadrilátero y de media humanidad le diera el veredicto de triunfador al ruso.
No soy dado a las teorías de conspiraciones pero da para pensar, porque Kovalev dominó la primera mitad de la pelea y grandes porciones de la segunda, con cuatro o cinco asaltos cedidos, pero no siete como nos quieren hacer creer esas boletas. ¿Decisión unánime? No, atraco confabulado.
Ward es tremendo guerrero, inteligente, capaz de sobrevivir en circunstancias adversas y de improvisar sobre la marcha, algo que dejó bien en claro después de sufrir un conteo en el segundo round, pero no mereció ganar ni que ahora se le considere el mejor libra por libra del mundo.
Vergüenza de jueces, vergüenza de comentaristas y vergüenza, mucha vergüenza para el usualmente certero árbitro Robert Byrd al permitir que el combate se fuera por un camino cenagoso, repleto de agarres y golpes de dudoso impacto, especialmente cuando se trataba de Ward. Vean de vuelta el momento en que le levanta la mano al ganador, casi festejando más el triunfo que el propio boxeador.
Basta ya de hablar de guerra fría, de cortinas de acero y diferendos políticos. Al ruso lo despojaron de su título y no me creo -yo que soy respetuoso de los números- esa cifra de CompuBox que muestra un 33 por ciento de efectividad en los golpes de Ward y solo un 27 por ciento en el caso de Kovalev. O yo vi otra pelea, o no se nada de nada.
Y claro está, la revancha está planteada, cortesía de esa misma HBO que ha colocado en pantallas tantas carteleras intragables en este 2016 a punto de irse. En algún momento la maquinaria propagandística echará a andar sus centrífugas para el despegue de un nuevo Pago Por Ver desde Las Vegas, esa ciudad donde lo que sucede busca el silencio a toda costa, en medio de los estertores del boxeo.
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Esta historia fue publicada originalmente el 20 de noviembre de 2016, 3:19 a. m. with the headline "El boxeo juega a la ruleta rusa y se da un tiro con el robo a Kovalev."