Boxeo

Más que a un rival, campeón cubano enfrenta en Las Vegas la línea divisoria de su carrera

ANDRE WARD (c) junto a Guillermo Rigondeaux (i) y Moises Flores en la conferencia de prensa del 15 de junio.
ANDRE WARD (c) junto a Guillermo Rigondeaux (i) y Moises Flores en la conferencia de prensa del 15 de junio.

La conferencia de prensa dejaba un rastro de mala leche. Sergey Kovalev se había marchado ante la incredulidad de los periodistas tras pronunciar unas lacónicas palabras y Andre Ward solo atinaba a decir con ironía: "esta es una acción con clase, con mucha clase. Ya verás lo que sucederá el sábado''.

Ward, por su parte, se prodigó más con los medios, ahora que Kovalev le dejaba el podio y los reflectores para él, en la antesala de una revancha en Las Vegas que no puede estar más rodeada de encono y desprecio, con trazas de odio incluso. El ruso lo quiere acabar de veras, sacarlo de la vida pública si le fuera posible.

Pero lo más importante no fue lo que dijo sobre sí mismo, sino el espaldarazo verbal que Ward le daba a otro guerrero presente.

"¿Dónde está Rigondeaux?'', preguntó Ward antes localizarlo por la vista. "No tengo más que respeto para Rigondeaux. Y si ellos no te entienden, no es tu culpa. Si no recibes el respeto que mereces, no es tu culpa''.

Guillermo Rigondeaux, sentado en primera fila, se levantó como un resorte y con el puño cerrado saludó al puño cerrado que le brindaba a modo de reconocimiento el campeón de las 175 libras.

El cubano, que semanas atrás fuera considerado por Ward el primero en la lista de los mejores libra por libra del mundo, ahora recibía el elogio en la plaza más importante del boxeo, delante de los medios más influyentes, como un mazazo de justicia.

"Si no recibes el respeto que mereces, tiene que ver más con ellos, que contigo'', recalcó Ward. "Estoy mirando tus videos. Así que respeto mi hermano. Es un honor que pelees en mi velada el sábado en la noche''.

Las palabras de Ward fueron recibidas con aplausos, pero sobre todo dejaban un reguero de interrogantes en el camino. ¿Será que Ward ve algo, otra cosa más allá de esos que no aprecian a Rigondeaux? ¿No está preparado el mundo moderno para un boxeador del estilo del rey de las 122 libras?

¿Quiénes son "ellos'', que desconocen la magnificencia de Rigondeaux? "Ellos'' no son otros que alguna parte de la prensa y una porción de fanáticos que consideran al cubano un artista del ring que provoca bostezos y aburrimientos, amparado en una defensiva soberbia en detrimento del ataque constante y del sentido del espectaculo en el pugilismo rentado.

Los otros, los del grupo de Ward -apunten también ahí a Mikey García- son los aficionados y periodistas de vieja escuela, apegados a aquello de que el boxeo es "dar y que no te den'', desdeñosos de las peleas degeneradas en broncas de bar pestilente.

Esta ha sido la gran línea divisoria en la carrera de Rigondeaux. Complace a uno y desespera a otros. Los primeros colocan de botón de muestra su gran pelea contra Nonito Donaire, los segundos recuerdan lo sucedido ante Joseph Agbeko. Unos apuntan a la victoria sobre Isashi Amagasa, los otros señalan los siete golpes por round frente a Drian Francisco.

Lo increíble, y bueno para Rigondeaux, es que a pesar de su poca presencia en los cuadriláteros sigue inflamando las discusiones y las gargantas de ambos bandos, que miran a su choque contra Moisés Flores como la prueba definitiva para probar sus puntos de vista.

Rigondeaux, por encima de todo, debe destrozar esa disyuntiva. Debe bordear a medio camino entre sus dotes incomparables de técnico y la actividad febril de las manos. Al virtuoso debe unir al guapetón, al pintor brutal de la lona del ring debe sumar al fanfarrón de esquina.

A diferencia de Agbeko y Francisco, Flores -como buen mexicano- vendrá a la danza macabra en el medio del ring, brindándole al "Chacal'' la oportunidad perfecta para sacar lo mejor de su boxeo y permitirle soñar con un mañana diferente que borre lo sucedido en los últimos tiempos, cuando se le veía poco y se le criticaba mucho.

Ningún boxeador cubano ha vivido tanto bajo la lupa y la disección como Rigondeaux, porque ninguno llegó bajo el peso de sus expectativas aupadas por dos oros olímpicos. Tal vez Ward tiene razón y "ellos'' son los equivocados, aunque "ellos'' crean tener la verdad de su lado. Ese es el tremendo dilema.

 

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de junio de 2017, 1:12 a. m. with the headline "Más que a un rival, campeón cubano enfrenta en Las Vegas la línea divisoria de su carrera."

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