Boxeo

Gamboa sobrevive en Cancún ante un obrero del ring, pero no logra espantar las dudas

YURIORKIS GAMBOA derrota a Alexis Reyes (i) por decisión mayoritaria.
YURIORKIS GAMBOA derrota a Alexis Reyes (i) por decisión mayoritaria.

Hombre, cuanto me gustaría escribir de una actuación sobresaliente. Escribir, por ejemplo, que Yuriorkis Gamboa (27-2, 17 KO) destrozó a Alexis Reyes y lo abrumó con su boxeo en el cuadrilátero del Hotel Gran Oasis de Cancún. Después de todo, el Ciclón se fue con la mano levantada y la victoria a cuestas.

El mejor Gamboa se merece algo así, un tremendo titular, pero esto no es el mejor Gamboa. Decir lo contrario sería faltar a las reglas elementales del periodismo y caer en un nacionalismo barato. No sería justo ni con el mismo Gamboa, que necesita mirarse en el espejo de la realidad cuando se calmen los efluvios del éxito.

No cabe duda de que Gamboa llevó la parte del león en su triunfo por decisión mayoritaria (95-94, 95-94, 94-94) y quizá pueda mirar al camino por delante con cierto respiro, con algo más de esperanza que cuando cayó por nocaut en mayo pasado frente a Robinson Castellanos.

Sin embargo, debe vivir el cubano con el profundo convencimiento de que así no podrá aspirar a algo más que a convertirse en un journeyman, esa clase de guerrero que va allí donde le paguen a enfrentar a quien le pongan por delante, sin mayores pretensiones, como puerta de medición a otros y sin mucho para sí mismo.

¿Quién es Reyes (15-3-1, 7 KO)? Por su pobre repertorio técnico, la nula pegada y la derrota anterior contra Alejandro Zúñiga se observa apenas a un afanoso obrero del ring. Nada a tener en cuenta para un futuro brillante, a pesar de su pedigrí mexicano, que no es poca cosa.

Aquí no se trata del futuro de Reyes, sino del de Gamboa, de lo que pueda venir después de esta demostración llena de coraje y entrega, pero falta de brillantez y con la insistencia en los mismos errores del pasado.

No quiero entrar a debatir sobre la validez de los dos puntos que le quitaron por cabezazos. Vayan y vengan. Si en la primera mitad Gamboa estuvo por ratos sólido, rotundo, llevando la voz cantante; en la segunda se vieron las grietas, el cansancio, la falta de estrategia, los agarres constantes, las combinaciones descoordinadas y las persistentes caídas. Crédito, eso sí, a su esfuerzo en el décimo round, donde sacó la casta, que eso nunca se pierde.

Tiempo atrás este chico mexicano no habría sido digno de amarrarle las zapatillas a Gamboa, y ahora, sin embargo, es capaz de aguantarle 10 asaltos y enredarlo en un estilo grosero, oscuro y farragoso, apoyado en la baja reserva de energías del cubano.

Lo cierto es que hay una victoria, como sea, guste o no, bella o no, está ahí en su record, que sigue siendo respetable en una carrera igualmente grande. Por gusto no fue campeón olímpico y doble titular profesional. Cuando pase el tiempo se verá con claridad lo que alcanzó, que fue mucho y bueno, cosas que irán de la mano con sus tremendos errores de cálculo.

Gamboa ganó, ¿pero le sirve de algo? Ojalá que sí. Que pueda tocar y abrir algunas puertas. Habría que dejar claro, de una vez por todas, que este Gamboa no debe lanzarse contra un Lomachenko, un García, un Linares, y quién sabe si hasta un Gervonta Davis. Algo queda del campeón, ¿cuánto?

Caramba, de verdad me hubiera gustado escribir otra cosa.

 

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de agosto de 2017, 1:16 a. m. with the headline "Gamboa sobrevive en Cancún ante un obrero del ring, pero no logra espantar las dudas."

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