Canelo Alvarez, a las puertas del amor absoluto o del desprecio constante
Saúl "El Canelo'' Alvarez ha sacado una página del libro de Floyd Mayweather: aquella relacionada con la indiferencia. El mexicano nos quiere hacer creer que no le importan las críticas y que puede pasar por la vida sin recibir la adoración debido de esa base de fanáticos imprescindible para su carrera como la de los mexicanos.
De cierto modo, Alvarez se ha creado un personaje de tipo duro que se abre camino sin perder un instante en rumores y comentarios, ajeno a quienes le reclaman unos méritos inflados, el cuidado de terciopelo de Golden Boy y su cercanía a la existencia falsa de telenovelas tan afines a la pantalla chica de su tierra.
Posiblemente, nunca llegue a conquistar el reconocimiento total de Julio César Chávez ni la leyenda mortuoria de Salvador Sánchez. Quizá ni le alcance para llegar a la estatura de un Juan Manuel Márquez o hasta de un Mantequilla Nápoles, tan mexicano cuando ganaba y de repente cubano cuando perdía.
Todo eso, sin embargo, pudiera cambiar si este sábado El Canelo despacha con un nocaut fulminante a Gennady Golovkin en un combate donde se miden los mejores de las 160 libras, los dos hombres de más pegada en su peso. Alvarez puede ser sacado en andas de la T-Mobile Arena y tocar una gloria que su padrino, Oscar de la Hoya, nunca conoció por su condición de hijos de mexicano, o mexicano a medias.
A De La Hoya nunca se le aceptó del todo en la tierra de sus mayores y a Canelo se le acepta de a poco con tendencia al incremento, pero sin regalarle ese cariño ilimitado del que disfrutan un Erik Morales o un Marco Antonio Barrera.
Salvo excepciones, Canelo es muy mal recibido en los círculos de aficionados no mexicanos. Aquí, en el sur de la Florida, es recordado por su polémico triunfo ante el cubano Erislandy Lara y por su sonado juicio en una corte del condado contra él y Golden Boy debido a una demanda entablada por el promotor local Tutico Zabala, quien ganó millones aún pendientes de pago.
"Canelo puede no caer bien, pero vende, y la gente consume sus peleas'', comentó Zabala, cuyo caso está sometido a una apelación. "No será el primer ni el último boxeador que no guste fuera del ring y sea seguido dentro de los encordados. En Puerto Rico se decía lo mismo de Miguel Cotto, y mira su carrera y cómo le quieren ahora''.
Tampoco es que Canelo sea una copia de Mayweather y vaya por los clubes nocturnos arrojando fajos de billetes, ni discuta públicamente con su padre o golpee a mujeres. Al contrario, el mexicano siempre proyecta una imagen limpia, pulcra. ¿Entonces por qué esa reticencia con él?
Tal vez por la publicidad extrema que se le prodiga, por los elogios desmedidos de cierta prensa, por algunos rivales inmerecidos y por ese rictus de confianza que emana de su lenguaje corporal, de su mirada pétrea, impenetrable. Canelo es la seguridad hecha carne y hueso, y algunos pagarán -como solían hacerlo en el caso de Mayweahter- con la esperanza de que Triple G le patee ese mismo rostro de niño duro y le desordene la cabellera roja.
Canelo no es un prodigio del boxeo, pero es un buen boxeador; no saca sobresaliente pero le alcanza con un eficiente y posiblemente nunca llegue al pedestal de Chávez, pero va siendo hora de reconocerles sus méritos, que los tiene y muchos. Si este sábado derrota a Golovkin deben marchitarse las dudas. Pero si pierde...
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de septiembre de 2017, 3:37 p. m. with the headline "Canelo Alvarez, a las puertas del amor absoluto o del desprecio constante."