Boxeo

Luis Ortiz, el segundo choque con el dopaje y la irrelevancia del dedo acusador

LUIS ORTIZ ya no se enfrenta a Deontay Wilder (d), quien vuelve a medirse contra Bermane Stiverne.
LUIS ORTIZ ya no se enfrenta a Deontay Wilder (d), quien vuelve a medirse contra Bermane Stiverne.

Primero los gritos y las negaciones, después el espanto y los golpes de pecho. Por último la resignación y la tristeza. ¿Cómo es posible que la posibilidad cercana de un título mundial se le haya escapado o la haya dejado escapar Luis Ortiz por no cumplir con un mínimo de procedimiento burocrático?



Algunos se atreven a levantar el dedo acusador, pero ya no vale la pena, como tampoco sirven las excusas de un medicamento no declarado a tiempo, aunque sea una verdad como un templo. Dura Lex Sed Lex. La ley no siempre camina por el rumbo de la justicia, pero nadie está por encima de ella.

Odlanier Solís desperdició su oportunidad de título mundial al perder el amor por el deporte, entendible; Richard Abril sencillamente dejó de defender su corona para convertirse en empresario porcino en Cuba, hasta cierto punto entendible; pero que Ortiz haya caído en las garras del dopaje por segunda vez y aparentemente por una negligencia tonta, resulta difícil de comprender.

Sin patria y sin su afición natural para respaldarlos, se entiende que los boxeadores cubanos en Estados Unidos sufren para encontrar retos y bolsas de nivel. No pocos se quejan de esta realidad que viene con el mercado y los números, de ahí que Wilder-Ortiz era vista como la tremenda opción que catapultaría al púgil afincado en Miami a un estatus de estrella.

Lo que duele es la oportunidad desperdiciada. Soy de los que cree en la posibilidad real de un triunfo de Ortiz sobre Wilder, quien jamás ha enfrentado a ningún oponente con la pegada y la experiencia del camagüeyano. Nos vamos a quedar sin ver la mejor pelea en la división máxima desde el triunfo de Anthony Joshua sobre Wladimir Klischkto y simplemente por no avisar a tiempo de una medicina para la presión alta.

Recuerdan cuando los peloteros de Grandes Ligas sorprendidos acudían a la manida frase de “desconozco cómo esta sustancia entró en mi organismo”, hasta que nadie les creyó y esas palabras cayeron en saco roto. Algo parecido sucede con eso de que esto me lo recetó el médico y olvidé ponerlo en la planilla. La VADA no entiende de palabras y desmemorias. Vive del resultado de sus pruebas.

Sé de personas en el mundo del boxeo muy molestas por este resultado. Muchos no se imaginan cuanto se debió negociar para que Ortiz tuviera el chance de aspirar a una faja del orbe contra Wilder, cuánto costó que Stiverne se echara a un lado para permitir el choque que la televisión añoraba, que los fanáticos querían.

Y ahora todo se vino abajo. Mauricio Sulaimán, presidente del Consejo Mundial, tenía la manos atadas por su Programa de Boxeo Limpio y el antecedente del 2014 que le costó a Ortiz ocho meses de suspensión y una corona interina. No podía perdonarlo. Habría sentado un precedente que hubiera estremecido hasta los cimientos su política antidopaje.

¿Qué va a pasar con Ortiz? Ojalá me equivoque, pero esta segunda escaramuza con sustancias prohibidas —más allá que sean recetadas por un médico para un problema real— va a averiar y mucho su carrera. Después de todo, no voy a levantar el puño y señalar a nadie por esta negligencia casi criminal. Ya no tiene sentido. El daño está hecho.

Esta historia fue publicada originalmente el 5 de octubre de 2017, 7:11 a. m. with the headline "Luis Ortiz, el segundo choque con el dopaje y la irrelevancia del dedo acusador."

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