Boxeo

Lara controla su victoria en Nueva York ante un público impaciente e incomprensivo

ERISLANDY LARA lleva a lona a Terrell Gausha en el cuarto asalto de la pelea celebrada este 14 de octubre en Nueva York.
ERISLANDY LARA lleva a lona a Terrell Gausha en el cuarto asalto de la pelea celebrada este 14 de octubre en Nueva York. Getty Images

El gran pecado del genio es la incomprensión. Erislandy Lara (25-2-2, 14 KO) no pudo ser más dominante en su combate contra Terrell Gausha (20-1, 9 KO) para mantener su faja de las 154 libras y ofreció una cátedra sobre el arte más puro que el boxeo está en condiciones de ofrecer.

Y, sin embargo, muy pocos ahora mismo le reconocen el mérito tras su faena vista por miles por la pantalla de SHOWTIME y originada en Nueva York. Casi se pueden escuchar los comentarios negativos. Solo basta afinar el oído.


Delante de los restos de una fanaticada impaciente, Lara derrotó por decisión unánime a un oponente muy inferior y que no hizo válida su palabra de entregarse al máximo para intentar arrebatarle la corona al cubano.

"El no es un boxeador tonto, pero estaba peleando con el mejor de la división'', comentó al final Lara, quien recibió boletas de 116-111, 117-110 y 117-110. "Soy de esos que controlan la pelea a medida que va avanzando. Eso fue lo que hice''.

A corto plazo, a Lara no le ayudaron que las dos primeras peleas de la noche terminaran por nocauts, el de Jarett Hurd técnico, y el de Jermell Charlo fulminante en el mismo primer asalto ante el prometedor Erickson Lubin.


La simple comparación de los resultados previos dejaba al choque de Lara vs. Gausha tendido en la lona por su expresión técnica y un ritmo de acción -a pesar de un conteo en el cuarto asalto para el estadounidense- que para nada estaba a la altura de los combates anteriores.

A largo plazo, a Lara le va a ser muy difícil conquistar el corazón de esos aficionados periféricos, los que pagan constante y sonante en las noches caras, esos que piden sangre y más sangre, que nunca conocieron ni conocerán otro tipo de boxeo.

Los fanáticos puros y duros sí lo entienden. Desgraciadamente, son minoría. Los "Millennials'' dominan los demográficos y solo responden a la gratificación instantánea. No les interesa el camino, sino el destino y cuanto antes, mejor. No les importan combinaciones ni movimientos. Quieren el nocaut inmediato. El hombre tendido en el piso, como Lubin.


Por otra parte, ¿quién tenía más apremio? Gausha no supo tomarle el puso a la oportunidad inmerecida que se le ponía delante de su carrera. Frente al campeón debió hacer más, morirse encima del ring, demostrar que realmente quería la faja de Lara.

El cubano no se vio obligado en ningún momento y Gausha no resultó ese compañero de baile que obliga a mostrar los mejores pasillos. Quizá puedan serlo Hurd, vencedor de Austin Trout, y Charlo, los otros dos coronados del peso.

Desde que peleara contra Saúl "El Canelo'' Alvarez, Lara ha vencido a todos con una facilidad que se ha convertido en rutina. Nadie en su sano juicio hubiera apostado un centavo por Gausha, quien nunca llegará a nada importante con esa actitud conformista. Así de magistral es Lara.


Pero esa maestría y la ausencia de rivales de consideración pudieran hacerle daño a su reputación. Lara merece otros oponentes, otros campeones deseosos de unificar. Lo merecen él y los aficionados que admiran sus talentos. El mejor necesita del asedio constante para mantener sus armas con filo, los reflejos intactos y el hambre de gloria en un punto alto.

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