El complicado valor de una derrota y de las lágrimas del cubano Yunier Dorticós
Bajo esa coraza de tipo duro, Yunier Dorticós esconde un corazón noble. Quien no lo conoce puede comprar el personaje del más guapo entre los guapos, muy apropiado para estos menesteres del boxeo. Si él te mira de frente, impresiona. Si hace silencio es como si formara una tormenta en el horizonte.
Nadie esperaba que Dorticós llorara en Rusia. Minutos antes había caído en medio de una tremenda batalla frente a Murat Gassiev. Sin duda, equivocó el tren de pelea, pero su alma de guerrero nunca le traicionó. Con la entrega del cubano no hay equivocación que valga.
Este es uno de los lugares comunes que más odio, pero Dorticós ha ganado mucho más de esta aventura en la Súper Serie de Boxeo con la derrota, que en tantas victorias en el silencio del anonimato. Muy pocos conocían de él antes del inicio de este mega evento. Hoy su nombre va de boca en boca.
Dorticós lo dejó todo encima del cuadrilátero, dejó tanto que descuidó sus energías, se apresuró en sus descargas, quedó a merced de un oponente taimado que estaba a la expectativa de una falla, de un cansancio. Abel Sánchez entrenó a Gassiev para aprovechar las grietas y convertirlas en brechas.
Sin una gota de energía en su cuerpo, Dorticós fue a morirse allí donde el fuego ardía más fuerte, se sacrificó ante los puños de un Gassiev impasible que había previsto este final desde mucho antes. Lo menos que se puede hacer es premiar esta inmolación con un aplauso y una reverencia.
Y no pasa nada. O sí pasa un poco. No habrá final en Arabia Saudita, pero sí queda futuro. No habrá bolsa de $10 millones, pero sí permanece intacta la reputación de púgil sin miedo que gusta y complace. No habrá trofeo Muhammad Alí, pero sí un mundo de posibilidades.
El equipo de Dorticós, esa combinación de Caribe con Warriors, tiene delante de sí varios caminos promisorios. Si el crucero logró cosas importantes en la oscuridad, qué no se podría alcanzar ahora que hay un nombre y un respeto ganados en un escenario tan grande como esta Súper Serie.
Pero si el cubano logró conversos en el planeta, de manera general se ganó el respeto de sus compatriotas tan difíciles de agradar, tan esquilmados por otras derrotas de cubanos. Salvo contadas excepciones, contadísimas, los aficionados cubanos reconocieron ese desprendimiento total de Dorticós, ese gesto de ir a lo más peligroso del combate a sabiendas de que ya todo estaba prácticamente perdido.
"Yunier Dorticós no decepcionó a nadie'', apuntó Sánchez. "Sus aficionados deben estar orgullosos de él. Esta pelea será recordada como las de Alí y Norton, Foreman y Alí. Peleó muy bien. Disfrutamos de una pelea''
Dorticós fue humilde en la derrota. La reconoció y asumió, sin quitarle méritos a su rival. Nada como el sentido de indefensión y la humanidad descarnada para abrir ventanas a las almas nobles. Y las lágrimas…esas lágrimas que conmovieron al propio Gassiev al punto de la consolación. ¿Quién dijo que los valientes no lloran?
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de febrero de 2018, 2:57 p. m. with the headline "El complicado valor de una derrota y de las lágrimas del cubano Yunier Dorticós."