Entre los golpes políticos y los impactos del ring, a esta leyenda se le acaba el tiempo
Manny Pacquiao se siente más a gusto en los debates del parlamento filipino que dentro de un ring de boxeo. Finalmente se ha vuelto viejo, predecible, desapasionado hasta un punto por el deporte que se lo dio todo, hasta el escaño en la política de su tierra y quizá, un día, lo convierta en presidente.
Pero este Pacquiao que el sábado se mide al argentino Lucas Matthysse por ESPN+ ya no es aquel que destruía rivales y jugaba con ellos hasta el sonido de los 10 segundos finales de cada asalto, cuando se convertía en un asesino, imparable y aterrador. Se perdió en los pasillos de palacio, en las declaraciones oficiales y las campañas para conquistar los votos ciudadanos.
Siendo justos, Pacquiao mereció ganar su choque anterior contra Jeff Horn, pero incluso en el escamoteo de la decisión se vislumbró la decadencia del ídolo. La leyenda de años atrás no habría permitido la agresión del australiano, sus llegadas y acosos, esa falta de respeto a los galones y los ascensos.
Desde la tremenda decepción ante Floyd Mayweather Jr. la curva ha sido de descenso para Pacquiao, dictada quizá por las tantas noches de combates, por el desgaste físico de los miles de golpes asimilados, por los 39 años de edad o el tema de resolver casas y vacas para sus votantes.
Ha ganado tanto y lo ha ganado todo -va por su 12do título como el único boxeador en la historia con fajas en ocho divisiones- que le resulta difícil encontrar el impulso vital para seguir con las extenuantes sesiones de preparación, aunque él afirma haber encontrado la fuente de la juventud.
Como si fuera poco se presenta en Kuala Lumpur sin su entrenador de toda la vida Freddie Roach. Pacquiao lo despidió sin despedirse de él.
El técnico se enteró de que no estaría más en la esquina de su pupilo por los rumores primero y por la prensa finalmente. Eso no se hace, después de todo lo vivido entre ambos.
Pacquiao fue el gran boleto de Roach a la fama, pero nadie recuerda ahora que fue un jovencísimo y desconocido filipino, con una maleta vetusta y cero de vocabulario inglés quien tocó a la puerta del Wild Card Gym en Los Angeles mendigando una oportunidad. Afortunadamente, el entrenador lo dejó entrar y el resto es historia.
Esa historia, sin embargo, puede acabarse este sábado. Pacquiao ha confiado su fortuna deportiva a su “amigo’‘ Buboy Fernández, un hombre sin la experiencia ni los tamaños de Roach. Esto pinta mal para el filipino. ¿Qué consejo le sacará del atasco cuando el cansancio y los golpes nublen su mente? Con la esquina no se juega.
Probablemente, Matthysse también vio pasar su mejor momento a los 35 años, pero es un animal diferente, con más habilidades y mayor poder que Horn. Quizá sea el argentino el hombre que confine por completo a Pacquiao a las intrigas políticas y lo aleje del ring para siempre.
CARTA DE PACQUIAO
Récord: (59-7-2 (38 KO)
Últimas cinco peleas: 3-2
Últimas 10 pelea:: 6-4
Pelea: A la zurda
Altura/Alcance: 5’5½” / 67”
Edad: 39 años
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de julio de 2018, 10:35 a. m..