Después de sufrir su primer KO, ¿será el mismo de antes este gigante cubano?
Lo hemos visto tantas veces. Gran boxeador va invicto derribando rivales y sumando triunfos hasta que sufre su primer nocaut. Después…y esta es una gran pausa, es que ese guerrero comienza a conocerse a sí mismo, a descubrir su verdadera fibra interior, su voluntad de campeón.
Esta es la encrucijada que enfrenta Luis Ortiz el sábado en Los Angeles. No se trata de si su rival puede sorprenderlo o no, de si está en condiciones de ir al fuego y permanecer allí hasta quemarse. No, se trata del propio cubano cuando suba al cuadrilátero por primera vez tras su derrota, tras su primera rodilla en tierra y un conteo de 10.
Un viejo refrán en el boxeo afirma que un boxeador es uno y otro antes y después de su debut en los nocauts. Algunos regresan más fuerte que nunca, como si la caída les crepitara más fuerte en el horno de la pasión; otros se apagan irremediablemente al igual que esas estrellas convertidas en agujeros negros.
¿Cuál camino tomará Ortiz? Eso lo sabremos cuando suene la campana y Razvan Cojanu venga a intercambiar golpes en los minutos iniciales. El rumano, claro está, no es ni remotamente la sombra de Deontay Wilder, el vencedor de Ortiz en marzo pasado. Pero una sombra a veces asusta, hasta la de uno mismo.
Un abrazo cegado a la bandera, me llevaría a decir que Ortiz ya pasó la página de la derrota en Nueva York. Que sus motivaciones personales y deportivas -el bienestar de su familia y el deseo de revancha contra Wilder- son motivos suficientes para impulsarlo a seguir adelante y descabezar a Cojanu.
Sin embargo, la interrogante es real y no porque sea Ortiz, por cierto, un tremendo ser humano, esencialmente bueno. Es una pregunta generada a través de las generaciones de púgiles que lidiaron con la adversidad de un golpe demoledor que les obligó a perder una pelea y en ocasiones una carrera.
Sobre el papel no hay nada que hablar. Ortiz supera a Cojanu en todos los órdenes y en circunstancias normales sería este asunto de sábado un paseo sobre alfombra roja para el cubano. Ojalá este sea el caso y el gigante de Camaguey renazca con esa fuerza interior de sus mejores versiones.
De la manera en que se comporte ese renacimiento dependerá en buen grado el siguiente paso en la carrera de Ortiz.