Boxeo

Canelo Álvarez, al filo de la navaja entre el amor absoluto y la duda constante

CANELO ÁLVAREZ a su llegada a la T-Mobile Arena de las Vegas el martes 11 de septiembre de 2018 para su pelea del sábado en Las Vegas.
CANELO ÁLVAREZ a su llegada a la T-Mobile Arena de las Vegas el martes 11 de septiembre de 2018 para su pelea del sábado en Las Vegas. AP

Saúl “El Canelo’‘ Álvarez nos quiere hacer creer que es inmune, indiferente. El mexicano nos quiere hacer creer que no le importan las críticas y que puede pasar por la vida sin recibir la adoración de los fanáticos, como si él solo fuera una isla. El Clint Eastwood del ring.

De cierto modo, Álvarez se ha creado un personaje de tipo duro que se abre camino sin perder un instante en rumores y comentarios, ajeno a quienes le reclaman unos méritos inflados, el cuidado de terciopelo de Golden Boy y hasta su polémica incursión en el dopaje. Camina sin miedo por la cuerda floja, a punta de ganarlo o perderlo todo este 15 de septiembre en Las Vegas.

Posiblemente, nunca llegue a conquistar el reconocimiento total de Julio César Chávez ni la leyenda mortuoria de Salvador Sánchez. Quizá ni le alcance para llegar a la estatura de un Juan Manuel Márquez o hasta de un Mantequilla Nápoles, tan mexicano cuando ganaba y de repente cubano cuando perdía.

Todo eso, sin embargo, pudiera cambiar este sábado si el Canelo despacha con un nocaut fulminante a Gennady Golovkin en la segunda entrega de un combate donde se miden los mejores de las 160 libras.

Álvarez puede ser sacado en andas de la T-Mobile Arena y tocar una gloria que su padrino, Oscar de la Hoya, nunca conoció por su condición de hijo de mexicano, o mexicano a medias.

A De La Hoya nunca se le aceptó del todo en la tierra de sus mayores y a Canelo se le acepta de a poco con tendencia al incremento, pero sin regalarle ese cariño ilimitado del que disfrutan un Erik Morales o un Marco Antonio Barrera. Los mexicanos quieren quererlo, pero algo no llena del todo.

Canelo es aceptado en los círculos de aficionados no mexicanos, pero sin ese amor que abruma. Aquí, en el sur de la Florida, es recordado por su polémico triunfo ante el cubano Erislandy Lara y por su sonado juicio en una corte del condado contra él y Golden Boy debido a una demanda entablada por el promotor local Tutico Zabala.

Canelo no es de esos boxeadores que va por los clubes nocturnos arrojando fajos de billetes, ni discute públicamente con su familia o golpee a mujeres. Al contrario, el mexicano siempre proyecta una imagen limpia, pulcra. Ciudadano modelo ¿Entonces por qué esa reticencia con él?

Tal vez por la publicidad extrema que se le prodiga, por los elogios desmedidos de cierta prensa, por algunos rivales inmerecidos, su controversial caso de dopaje y por ese rictus de confianza que emana de su lenguaje corporal, de su mirada pétrea, impenetrable. Canelo es la seguridad hecha carne y hueso, y algunos pagarán -como solían hacerlo en el caso de Mayweather- con la esperanza de que Triple G le patee ese mismo rostro de niño duro y le desordene la cabellera roja.

Canelo no es un prodigio del boxeo, pero es un buen boxeador; no saca sobresaliente pero le alcanza con un aprobado y posiblemente nunca llegue al pedestal de Chávez, pero va siendo hora de reconocerles sus méritos, que los tiene y muchos. Si este sábado derrota a Golovkin deben marchitarse las dudas. Pero si pierde...

  Comentarios