Boxeo

El Matador ya no mata, pero a los 45 años sigue encima del ring, y ahora en Guatemala

¿Qué hace Ricardo Mayorga en un ring a los 45 años?

Alguna vez el Matador fue matador. Alguna vez Ricardo Mayorga tocó la cima del boxeo, conquistó aplausos por su boxeo y coleccionó risas con su personalidad exuberante y única. Prendía un puro tras la victoria y se iluminaba el boxeo.
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Alguna vez el Matador fue matador. Alguna vez Ricardo Mayorga tocó la cima del boxeo, conquistó aplausos por su boxeo y coleccionó risas con su personalidad exuberante y única. Prendía un puro tras la victoria y se iluminaba el boxeo.

Alguna vez el Matador fue matador. Alguna vez Ricardo Mayorga tocó la cima del boxeo, conquistó aplausos por su boxeo y coleccionó risas con su personalidad exuberante y única. Prendía un puro tras la victoria y se iluminaba el boxeo.

Pero ya el Matador no mata, apenas hiere. Mayorga regresa este sábado al ring, a sus 45 años, para probar las habilidades y el corazón de un joven guatemalteco que responde al nombre de Lester Martínez y cuya mejor credencial es una medalla de oro en los Centroamericanos de Barranquilla.

Dice el nicaragüense que no pelea por los $8,000 de bolsa, sino por el orgullo de guerrero y el deseo de noquear al debutante en el mismo primer asalto. Como suele hacer, Mayorga se ha desbocado, desata su lengua y ataca con el verbo, a ver si Martínez se amilana.

Quizá desde el punto de vista del boxeo ya no exista mucho de prueba en Mayorga, pero desde el mediático el examen no podía ser mejor para el debutante. Incontenible, habla de hacer daño, de ríos de sangre, de dolores insoportables y duraderos. Martínez deberá pasar por encima de esa marea de saliva y visualizar su oponente.

Mientras más se hunde como boxeador, más se explaya Mayorga en sus amenazas. En el pasado, verbo y golpe iban de la mano. En estos días el predicador del dolor se ha ido quedando solo mientras el poder escapa de sus puños. Los brazos se cansan, la lengua sigue viva.

Mayorga logró mucho en el boxeo, pero no se trata de lo que alcanzó sino lo que dejó de alcanzar. Lejos parecen aquellos días en que en par de ocasiones despachó sin sudar a un Vernon Forrest que era una de las grandes figuras del momento.

Aquellos dos triunfos –con título mundial incluido- fueron el punto más alto de su carrera en el 2003. Después vendría una derrota inesperada contra Corey Spink como preludio de un período lleno de intermitencias, pero ya sin grandeza.

Su nombre, apoyado en su boca, todavía significaba algo. Gracias a eso llegaron peleas como las de Tito Trinidad -¿recuerdan cuando ofrecía la cara descubierta?-, Oscar de la Hoya, Shane Mosley y Miguel Cotto, quien decretó su retiro en el 2011 con una soberana paliza.

Mayorga debió haberse detenido tras el choque contra el boricua. Pero como la mayoría de los boxeadores –al igual que los tiranos- no ha podido o sabido decir adiós, a pesar de que su acto ya no despierta el interés de antes y la gente se acerca a sus peleas más por morbo que por sustancia pugilística.

Dicen que Martínez puede ser un buen boxeador, lo más grande que habrá salido de Guatemala, un país sin mucha tradición en el ring a diferencia de Nicaragua, donde los campeones mundiales abundan, un país que se puede dar el lujo de parir un Mayorga. Veremos cómo le va al debutante ante el vozarrón del veteranísimo. Lo de los golpes será otra cosa.

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