Boxeo

Lomachenko es un prodigio del ring, pero va a sufrir mucho por la falta de rivales y campeones

Vasyl Lomachenko, un púgil fuera de liga

El ucraniano vence de manera convincente a Anthony Crolla.
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El ucraniano vence de manera convincente a Anthony Crolla.

Nunca antes la sorpresa en el boxeo vivió tan acorralada. Nunca la esperanza del desfavorecido en los pronósticos sintió tanto asedio y desprecio. ¿Quién se atrevía a apostar contra Vasyl Lomachenko (13-1, 10 KO) en su combate frente a Anthony Crolla?

Había que estar loco de atar, creer demasiado en fábulas y cuentos de caballería para darle un ápice de seguridad en el triunfo al valiente inglés, que incluso cuando no podía, quiso seguir en un intercambio brutal que fue el prólogo de un nocaut de miedo.

Cuando en el cuarto asalto desembarcó la derecha potente –y aquí vale resaltar que Lomachenko pega mejor con su mano natural, la zurda-, ya Crolla (34-7-3, 13 KO) nada tenía que hace encima del cuadrilátero, porque en el tercer round recibió un castigo formidable.

Lomachenko se encontraba en pleno esfuerzo de demoler a Crolla, cuando el experimentado árbitro Jake Reiss se interpuso entre ambos y pareció hacer un gesto de detener la pelea, al punto que el campeón de las 135 libras se encaramó en su esquina y dos oficiales de la Comisión de California subieron al ring.

Pero Reiss rápidamente le hizo un conteo de protección a Crolla, quien fue salvado de manera momentánea por una campana que solo demoró lo inevitable. Un minuto más tarde, el inglés se daba de bruces en la lona luego del derechazo de Lomachenko.

Reiss inició otro conteo antes de contemplar en los ojos de Crolla la vista perdida, las piernas sin suelo, el abismo entero que engullía el cuerpo del “Orgullo de Manchester’’, quien de manera ingenua aseguró tener la fórmula para vencer al doble campeón olímpico y profesional.

Para situar las cosas en perspectiva, habría que decir que Crolla no es un mal oponente sino un retador con historia, un ex titular que se convirtió en retador obligatorio a los dos cinturones que posee el ucraniano.

Lomachenko, sin embargo, lo redujo a nada. Cero. De manera metódica lo fue rompiendo en pedazos, despojándolo de sus herramientas hasta quebrarle primero el cuerpo y luego la voluntad de guerrero. Eso es lo que hace el talento superior. No deja ninguna duda, asombra y convence.

¿Qué puede venir ahora para Lomachenko? Una vez más pidió a Mikey García, pero querer y poder en el boxeo son dos cosas muy distintas. La balcanización de este deporte, las guerritas personales y la batalla entre televisoras y aplicaciones de internet complican y alejan las peleas que el fanático ansía. Persisten en el error.

Por el bien del boxeo, de Lomachenko y García esta pelea debería negociarse desde ya. Los poderes del ring, desgraciadamente, velan por intereses cada vez más particulares y oscuros, y no por el bienestar de quienes lo consumen.

Así que dentro de lo posible disfrutemos de este talento especial, de este prodigio que se da poco de generación en generación y responde al nombre de Vasyl Lomachenko.

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