Campeón mundial amateur debuta en clima complicado para el boxeo cubano
Joahnys Argilagos pertenece a otra generación, pero la duda es la misma. Muchos se preguntan qué trae este cubano o si podrá sacudirse el sambenito de “aburrido’’ o “corredor’’ endilgado a varios de sus compatriotas. Viene con credenciales, aunque el tiempo de los méritos amateurs ya pasó.
No es poco lo que ha logrado Argilagos antes de iniciar su trayectoria profesional este viernes ante Josué Morales en Houston. Estamos hablando de un chico que los 21 años ya era doble campeón mundial, subcampeón panamericano y bronce olímpico.
Y esos oros, hablando en plata, no le sirven de mucho. Le ayuda a ganar cierta notoriedad y punto. Cuando Argilagos suba al debut en el pugilismo de paga, lo hará en un clima complicado para el boxeo cubano que vive entre desengaños propios ajenos.
Cuba no presenta un campeón mundial profesional desde que Erislandy Lara cediera su faja de las 154 libras en abril del 2018 frente a Jarrett Hurd, muy lejos de mediados de la década pasada, cuando llegó a tener cinco, por encimas de otras naciones con tradición y cantidad de guerreros.
El propio Lara y Yordenis Ugás lucharon bravamente para convertirse nuevamente en reyes contra Brian Castaño y Shawn Porter, Rancés Barthelemy vio como decretaban un empate su farragoso lance frente a Robert Easter Jr.
En Miami y en otras partes de Estados Unidos el mito del cubano que no gusta y corre se afianza, a pesar de que muchas otras peleas y gladiadores hacen lo contrario. Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, o vale aquello de: difama, que algo queda.
Argilagos debutará en medio de este complicado momento. Si en otras épocas se admiraban los galones olímpicos, ahora de poco valen, o valen tanto como puedas respaldarlos con buenas actuaciones profesionales. Te quiero ver primero y te reconozco la medalla después.
El está consciente de esto. Se ha puesto El Pequeño Gigante, porque debutará en las 115 libras. Luego irá creciendo en el boxeo y seguramente en peso, pero sabe de la óptica con que se mira y se calibra a un boxeador cubano, venga con los galones que venga.
Ya nada le asusta a Argilagos. Escapó de una escuadra nacional cubana y pasó varios meses retenido en un centro de inmigración. No llegó con alfombra roja bajo sus pies, sino con el piso duro de una celda hasta que se aclarara su estatus. Lo dicho, los tiempos han cambiado.
Y quizá sea algo bueno. Tal vez este duro despetar en América sea el recordatorio de que las cosas buenas vendrán en el ring mediante la sangre y el fuego, que la libertad deportiva entraña una responsabilida individual. Uno es profesional o mejor buscar trabajo en otra línea de la vida.
Argilagos lo sabe. Ahora le toca salir a hacerlo.
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de mayo de 2019 a las 10:58 a. m..