Boxeo

Leyenda viva del béisbol cubano ofreció su respaldo a sus compatriotas en Minneapolis

Cuando apareció con su sonrisa de siempre, el boxeo pasó a un segundo plano. Tony Oliva regresaba a The Armory y era como si un rey se hubiera dignado a bajar de su trono para que todos pudieran verlo, en carne y hueso. La leyenda sigue siendo el mimado de Minnesota.

El cubano apenas podía caminar hacia el ring el sábado 31 de agosto. De foto pedida a autógrafo firmado, los miles de asistentes a la cartelera de Erislandy Lara querían un pedazo del recuerdo de Oliva, el hombre que durante 15 años había iluminado los terrenos de Grandes Ligas con el uniforme de los Mellizos.

“Sentir el cariño de la gente es una sensación que nunca envejece’‘, comentó Oliva, quien a sus 81 años conserva vitalidad y proyecta una imagen venerable. “Pero no quiero que la gente se desvíe del boxeo, que hoy pelean unos compatriotas’‘.

Oliva llegó a los Estados Unidos en 1961 y un año más tarde debutaba en Grandes Ligas, justo en los mismos tiempos que una generación de boxeadores cubanos partía de la isla y comenzaba a pelear en Miami y México.

Confiesa que veía poco boxeo en su infancia, porque siempre estaba ayudando a su padre en su natal Pinar del Río hasta que un scout que descubrió al prodigio se lo llevó al sistema de los Mellizos, pero siempre le gustó Ultiminio Ramos, quien fuera campeón mundial pluma y está inmortalizado en el Salón de la Fama del Boxeo.

“El boxeo es algo que está ligado a los cubanos, así como la pelota’‘, apuntó Oliva. “Son los deportes que más gloria nos han dado, y me da mucha alegría ver a cubanos brillando hoy en día en Grandes Ligas y el boxeo profesional. Hay que apoyarlos y por eso estoy aquí. Me alegra mucho ver de vuelta el boxeo en The Armory, gracias al promotor Luis de Cubas’‘.

Con un premio de Novato del Año, tres títulos de bateo de Liga Americana, y ocho selecciones al Juego de las Estrellas, Oliva fue uno de los mejores jugadores de su generación antes de que las lesiones aminorasen su marcha en los diamantes.

Muchos se preguntan por qué Oliva no está en el Salón de la Fama del Béisbol, a pesar de que su candidatura ha quedado muy cerca en los llamados Comités de Veteranos y de la Era Dorada.

Pero en Minnesota nadie es más querido que él. En las afueras del Target Field, la casa de los Mellizos, posee una estatua que es punto de referencia y su número 6 fue retirado por la organización como muestra de respeto y de lo que significa para la ciudad y su gente.

Por esta vez, sin embargo, Oliva solo quiere ver boxeo, pero la afición no se lo permite con sus constantes muestras de afecto. El se deja querer hasta el límite y cuando finalmente llega a su puesto exclama: “vamos a ver si ganan mis cubanos’‘.

Y sí, sus cubanos ganaron esa noche en Minneapolis. Pero Tony Oliva ganará siempre en el tiempo y el recuerdo.

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de septiembre de 2019, 9:54 a. m..

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