Boxeo

Kid Chocolate sucumbe a la mordida del Perro. Llegó la hora de colgar los guantes para este cubanoamericano

Hay heridas que cierran en falso. Peter Quillin nunca se recuperó de su nocaut ante Daniel Jacobs y desde el 2015 vino arrastrando los fantasmas que este sábado desembocaron en una derrota ante Alfredo “Perro’‘ Angulo que huele a retiro, y esta vez para siempre.

Kid Chocolate, siempre apegado a sus raíces cubanas, fue un rostro visible dentro del boxeo, pero desde ese enfrentamiento nefasto ante Jacobs pasó a ser una sombra del guerrero que había sido. Estuvo mucho tiempo fuera y su regreso nunca convenció a nadie.

Pero primero, antes de continuar por este camino, es menester un aplauso para ambos veteranos que les regalaron a los aficionados una tremenda noche entretenida e inesperada, porque la gente en Bakersfield, California, se mantuvo levantada de sus asientos los 10 asaltos.

Al final, fue Angulo quien demostró tener unos litros más de combustible en el tanque, suministrados sin duda por la mano maestra de Abel Sánchez, su nuevo entrenador y un hombre muy conocido por haber convertido en campeón del mundo a Gennady Golovkin.

El mexicano llegaba a este combate por debajo en las apuestas. El Perro parecía haber perdido el colmillo al haber perdido dos de sus últimas cuatro peleas y haber ganado las otros dos contra oponentes de cuestionable nivel. Nunca había sido un buen boxeador, pero sí un gran guerrero. ¿Qué podía hacer Sánchez con este lento y gastado hombre de mil batallas?

Al menos le proporcionó la resistencia y le renovó el ánimo. No es que el prestigioso técnico cambiase mucho en Angulo, aunque con este triunfo le rescató de la oscuridad -sus últimas presentaciones fueron sin televisión- y le permitirá ser estelar en otro cartelera de Premier Boxing Champions.

Quillín, por su parte, equivocó el plan por completo y se dejó arrastrar a las trampas del cuerpo a cuerpo, ese intercambio trepidante donde resulta casi imposible igualar el volumen del golpes de un mexicano. Cuando utilizó el jab le fue mejor. Cuando permitió que Angulo borrase la distancia, le sobrevino el desastre y en varias ocasiones parecía que no iba a ver el sonido de la última campana.

Fue su padre, un hombre que vino cuando el puerto marítimo del Mariel en 1980, quien lo bautizó como Kid Chocolate, en homenaje al inmortal Eligio Sardiñas, que era su boxeador favorito. Queda claro, sin embargo, que nunca pasó más allá de la asociación con el nombre, aunque sí fue campeón del mundo hace mucho rato.

Después de esta noche, el Perro accederá al menos a una bolsa más, pero Quillin deberá decirle adiós al boxeo. Aquí ya nada debe buscar. De lo contrario su Chocolate será más oscuro y amargo.

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