Boxeo

Julio César Chávez jr. empezó mal y terminó peor

La mano, la nariz o el corazón. Algo tiene fracturado realmente Julio César Chávez jr, pero faltaría determinar qué cosa es, si pertenece al mundo de la carne o al del espíritu. Por segunda vez el mexicano pierde en su esquina, abandonando la voluntad del guerrero, abandonado por cualquier esperanza propia.

Quizá el hijo de la leyenda perdió hace mucho tiempo. Mucho antes de evadir las pruebas antidopaje -por los motivos que hayan sido-, mucho antes de fallar al peso establecido de 168 libras y mucho antes de verse frente a frente en el cuadriláterto con Daniel Jacobs.

Triste que el Hombre Milagro, el vencedor del cáncer, no haya podido disfrutar de su triunfo legítimo, protegido a duras penas de una lluvia de latas de cerveza y papeles que amenazaron más su integridad física que los golpes de un oponente que peleó no ya como ligero pesado, sino en el peso de un crucero.

Quizá esas botellas no eran para él, sino para Chávez jr, pero no pudo evitar la vorágine vivida en la arena de Phoenix, cuando el mexicano le informó al árbitro después de cinco asaltos que ya no saldría para el siguiente debido a una lesión que pareció primero en una mano y luego en la nariz.

La fractura habría que buscarla mejor en el carácter de Chávez jr, en sus innumerables problemas de dopaje, indisciplinas y malos cálculos de peso. Este es el último capítulo de una saga triste, pero que le deja un par de millones en su cuenta de banco.

Lo dije anteriormente. Chávez no mereció pelear el sábado. Su apellido, sin embargo, y el perdón reiterado de su gente le permiten seguir en un deporte al que le debe mucho y del cual se ha burlado en muchas ocasiones. ¿Por qué fueron más de 10,000 aficionados a Phoenix? Seguramente no para ver a Jacobs.

Esos mismos aficionados la emprendieron contra todo y contra todos desde el mismo momento en que Chávez jr. indicó que no iba más. Estoy seguro que dentro de unos meses, si vuelven a anunciar una pelea del jr., otros miles de compatriotas volverán a perdonarle y pagarán la entrada. Tal es la fuerza de la primera familia del boxeo en México.

Aquí la culpa cabe repartirla entre varios, los organizadores, los promotores, la Comisión de Arizona, el propio Chávez jr. Aquellos que permiten que siga siendo relevante sin ganárselo, que sume los millones sin merecerlo, sin sudar el ascenso en el ranking. Esta era su segundo pelea en más de 24 meses.

El boxeo es así, como la vida, no siempre es justo, muchas veces no es justo. Pero en todo este asunto hay algo de karma, de justicia cósmica si se quiere. Comenzó mal y terminó peor. A ver si algo se aprende de esto, aunque lo dudo. Este es un deporte con memoria corta.

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de diciembre de 2019, 1:37 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA