Quizá no sea como en la era de Marciano o Alí, pero los pesados están de vuelta
Durante mucho tiempo, el campeón pesado del boxeo era la figura más imponente y conocida del mundo. No de los Estados Unidos, del mundo. El rey no podía pasear una calle sin que un enjambre humano le detuviese para tocarlo y saber que era de carne y hueso, sus peleas eran seguidas como las evoluciones de los ejércitos en la Primera Gran Guerra.
Cuando el negro Jack Johnson fue campeón el resto blanco del planeta no podía creerlo, cuando Gene Tuney le arrebató la faja a Jack Dempsey las multitudes gritaron en agonía, cuando Max Schmeling derrotó a Joe Louis hubo lágrimas y cuando Louis recuperó su corona ante el alemán fue como un signo de que los aliados ganarían la Segunda Guerra Mundial.
Esta historia puede continuar con Rocky Marciano y su récord invicto, la emergencia de Muhammad Alí ante Sonny Liston, las batallas entre Alí y Ken Norton, Alí y Joe Frazier, Alí y George Foreman, la caída de Alí frente a Larry Holmes, el surgimiento de Mike Tyson, de Evander Holyfield, de Lennox Lewis...
Hasta que llegaron los Klitschkos y todo se detuvo de golpe. No seré yo quien destripe a los hermanos de Ucrania. Brillaron por encima de todos en el tiempo que les tocó actuar. No eran vistosos, ni grandes estrategas del ring, no fascinaban con intangilbles, pero acabaron con todos los que les salieron al paso y dominaron su era. La culpa será de otros, nunca de ellos.
El público, sin embargo, se alejó durante más de una década de reinado de Vitali y Wladimir, pero uno siente ya el regreso, la ansiedad de quienes presienten la crepitación de una nueva hornada de gigantes que están capturando la imaginación de los aficionados.
Anthony Joshua tiene que ver con esto al convertirse en un campeón de tremendas proporciones en Europa, pero sobre todo los hombres que este sábado chocarán en el MGM Grand Arena de Las Vegas: Deontay Wilder y Tyson Fury serán protagonistas de la pelea más esperada en la división posiblemente desde la tercera entrega entre Alí y Frazier.
Wilder es la respuesta a la sequía del gran campeón de los Estados Unidos. El hilo renacido de una tradición larga y respetable. Su pegada no es segunda de nadie y se la compara a la de Foreman. Vino como un descarte del football, sin un centavo en el bolsillo y con una hija enferma. Hoy es una figura temida.
Fury llega por una travesía diferente. Venció a Wladimir Klitschko y se convirtió en rey pesado antes de perderse en una larga noche de drogas y alcohol que lo mantuvieron al borde del suicidio, pero está de vuelta y con su boxeo poco ortodoxo logra lo que quiere en el cuadrilátero.
Ambos proporcionan la mezcla perfecta desde el punto de vista geográfico -con los mercados de Europa y Estados Unidos- y deportivo para una promoción. Ambos son dos excelentes vendedores con personalidades atractivas por lo diversas que son y por que realmente son buenos en lo que hacen.
Solo dos gladiadores de tal magnitud podrían generar el cuasi milagro de que Top Rank y Premier Boxing Champions trabajaran juntos, que ESPN y FOX compartieran transmisiones y, en general, que el público preste atención a lo que está sucediendo. Quizá no sea nunca más como en la era de Marciano o Alí, pero los pesados están de vuelta.
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de febrero de 2020, 0:34 p. m..