La muerte del boxeador cubano Benny Paret: una tragedia imposible de olvidar
La muerte de un atleta en el escenario de competencia es el episodio más triste que puede ocurrir en el mundo de los deportes.
Los jóvenes sacrifican miles de horas en entrenamientos por el sueño de imitar a sus ídolos y llegar a ser campeones. Cuando el último precio que se debe pagar por la gloria es la muerte en plena juventud, la misma puede lucir heroíca, pero en realidad es injusta.
Uno de esos casos fue el del boxeador cubano Benny Paret.
Nació el 14 de marzo de 1937, en Santa Clara. Ganó su primer título mundial el 27 de mayo de 1960 ante Dom Jordan, por decisión en 15 asaltos en Las Vegas.
Paret fue el tercer pugilista antillano en lograr una corona mundial y el segundo en el peso welter. El primero en hacerlo fue Eligio Sardiñas, el inolvidable “Kid’’ Chocolate, cuando el 15 de julio de 1931 superó a Benny Bass por el cetro ligero junior; y el pionero en los welters fue Gerardo González, conocido como “Kid Gavilán’’, al derrotar a Johnny Bratton el 18 de mayo de 1951.
Paret y Emile Griffith celebraron tres combates. El norteamericano nacido en Islas Vírgenes se llevó la victoria el primero de abril de 1961 por nocaut en 13 asaltos, en Miami. Luego en la revancha, el cubano recuperó la faja en un cerrado triunfo en 15 rounds, el 30 de septiembre del mismo año en Nueva York.
Antes de la trágica noche que cubrió de luto el boxeo y que fue la primera muerte que se vio en los deportes por televisión nacional en Estados Unidos, ocurrieron dos decisiones erráticas que afectaron a Paret.
El primer error fue permitir que peleara en los pesos medianos ante un hombre más fuerte como Gene Fullmer (9 de diciembre de 1961), donde el cubano recibió un castigo brutal. Según palabras de su esposa, Lus Selenia, el villaclareño padecía de fuertes dolores de cabeza luego del pleito con Fullmer.
Su mánager, Manuel Alfaro, cometió la segunda pifia al aceptar un tercer combate frente a Griffith (uno de los mejores pesos welter de la historia), cuando su pupilo no estaba recuperado del nocaut sufrido 104 días antes.
Entre ambos gladiadores existía una elevada animosidad por sus dos peleas anteriores y por los chistes del cubano contra la dudosa masculinidad del estadounidense.
Durante la presentación del pesaje faltó muy poco para que Griffith y Paret se fueran a las manos, algo que se evitó por la rápida intervención de varios allegados de los boxeadores.
La fecha infausta fue el 24 de marzo de 1962. Cerca de 7,800 aficionados se dieron cita en la meca del boxeo de la época, el Madison Square Garden de Nueva York, mientras que millones de televidentes presenciaron por televisión el doloroso espectáculo.
Griffit llevó la mejor parte desde la campana inicial, aunque Paret tuvo algunos buenos momentos, en especial en el sexto asalto cuando envió a su rival a la lona, quien logró recuperarse para volver a controlar las acciones.
La catástrofe llegó en el duodécimo asalto. Griffith llevó contra una esquina neutral a Paret y le pegó 29 golpes consecutivos al rostro y a la cabeza sin recibir respuesta del cubano, que de manera indefensa lograba sostenerse de la soga con su brazo derecho impidiendo su caída ante la indiferencia del árbitro, Ruby Goldstein, que no detuvo la desigual pelea; y de su propio mánager Alfaro que cometió el grave error de no tirar la toalla.
Era muy tarde. Paret fue sacado del cuadrilátero en estado de coma y trasladado al hospital Roosevelt de Nueva York donde permaneció inconsciente durante diez días. Murió el 3 de abril, a la edad de 25 años.
Luego de la muerte de Paret, el árbitro Goldstein nunca más se subió a un ring como oficial para una pelea, Alfaro le dijo adiós al cuidado de pugilistas, Griffith siguió peleando afectado mentalmente; mientras que centenares de personalidades y organizaciones de renombre mundial se unieron en una campaña para erradicar el deporte de los puños.
Pero la vida siguió su curso normal y la tragedia pasó a ser sólo un triste episodio en la historia del pugilismo profesional.