Boxeo

Mi padre era un perro de pelea con gran pegada. Yo también lo soy, pero más técnico, afirma púgil cubano

José Gómez llenó toda una época del boxeo cubano amateur con sus nocauts de miedo. Yoelvis, su hijo, quiere lo mismo en el ámbito profesional a base de pegada y habilidades. Si el padre conquistó un título olímpico, el muchacho busca una corona en el pugilismo de paga.

Son grandes los zapatos a llenar, porque Gómez, con su pegada enorme, sumó elogios de todas partes, pero Yoelvis está seguro de que cuando le vean combatir todos sabrán por qué le llaman “La Joya’’, un diamante que solo necesita luz para emitir su brillo en el ring.

Si José le ayudó a dar sus primeros pasos hacia el cuadrilátero, ahora Yoelvis camina seguro hacia una carrera -aún en su infancia- que este 10 de julio tendrá un momento importante en Ciudad de México. Quiere y puede ser parte del futuro del boxeo cubano en Estados Unidos.

¿Cómo fueron tus inicios en el boxeo?

“Comencé en el boxeo gracias a mi papá. Mi primer regalo fue un par de guantes de boxeo. El siempre me decía que yo iba a ser boxeador. El había pedido que yo naciera en septiembre, que fuera boxeador y que fuera mejor que él. Las primeras dos cosas se han cumplido. Yo quiero cumplir la tercera como un homenaje hacia él’’.

Se ve que son muy unidos.

“Siempre estuvo a mi lado, desde las categorías infantiles. Siempre me apoyó en todo. El y mi mamá me impulsaron a seguir adelante. Mi padre fue mi primer entrenador, hasta que me llevó a la sala Rafael Trejo en La Habana a los nueve años de edad’’.

¿Cuándo te das cuenta de que puedes lograr algo más que el promedio?

“Al principio ganaba medallas en diferentes edades y torneos, pero después de que hago el equipo nacional juvenil, le dije a mi padre que quería ser boxeador profesional, depender de mi propio esfuerzo, de mi trabajo y no de lo que otros decidan. Le dije que quería ser el mejor posible’’.

¿Cómo lo tomó?

“Me dijo que me iba a extrañar mucho, pero me apoyó. Irme fue duro, porque desde que nací he estado a su lado. Es un buen padre. Me duele la separación, pero él sabe y yo entiendo que estamos haciendo un sacrificio ambos por algo mejor en el futuro’’.

¿Cuándo mirabas sus peleas, qué pensabas?

“Las veíamos juntos desde que era chico. El se paraba y se ponía a hacer sombra ante el televisor, comentaba lo que dejó de hacer o lo que hizo bien. Yo, antes de combatir, miraba una pelea en específico, su victoria en la final olímpica de Moscú 1980 sobre Viktor Savchenko. Me daba ánimo para subir al ring’’.

¿Confías en el futuro o le temes?

“Veo el porvenir con optimismo. Elegí el camino del boxeo profesional, porque en Cuba no tenía futuro. Aquí, si triunfo o fracaso, es mi responsabilidad. Mi meta es ser campeón mundial y para eso trabajo noche y día. Mi objetivo es ser campeón entres divisiones: 154, 160 y 168. Quiero hacer historia y dejar mi nombre grabado por mucho tiempo’’.

¿Qué mensaje esperas enviar el 10 de julio?

“Deseo que todos comiencen a conocerme, que vean mi pegada, mi técnica, mi habilidad. Mi padre era un perro de pelea. Yo también soy un perro de pelea, pero más técnico’’.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de mayo de 2020, 9:38 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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