Boxeo

Le vio la cara a la muerte en México, pero este boxeador cubano encontró nueva vida en el ring

Si sobrevivió dos veces al filo del puñal, Jailer López es capaz de vencer a cualquiera en el ring. Ese es el pensamiento que anima a este guerrero cubano que el pasado sábado se impuso en su tercera pelea profesional en México, país al cual llegó como tantos de sus compatriotas: arriesgando la vida.

En el momento en que le levantaron la mano en señal de triunfo, López pensó en todo lo sucedido para llegar a ese momento, en su padre y hermana que permanecieron en Cuba, en el largo viaje de Nicaragua a Guatemala y luego a tierras aztecas, pero piensa sobre todo en el incidente donde le vio la cara a la muerte.

“Todos los cubanos que llegamos por vía terrestre, atravesando Centroamérica, tenemos estas historias de terror’‘, explica López, de 21 años. “Yo tengo la mía. Una que estuvo a punto de costarme la vida, pero que ahora me da más fuerzas para seguir adelante’‘.

Preocupado por la situación y la falta de futuro en su país, López salió un 11 de mayo del 2019 rumbo a Nicaragua y atravesó Guatemala hasta llegar al notorio puesto fronterizo con México en Tapachula, donde miles de inmigrantes de todo el mundo esperan comenzar el tramo final del viaje rumbo a los Estados unidos.

Un día de septiembre, López salió a comer con unos amigos cuando una banda de seis hombres les rodeó para robarles. El tendría apenas un puñado de dólares en el bolso, pero algo se disparó en su cerebro y les gritó que si querían robarle, que fueran lo suficientemente hombres para intentarlo.

López no recuerda el momento exacto, pero primero sintió el acero que entraba por la espalda y una segunda hoja que penetraba por el pecho, pero él no dejó de tirar golpes ni de defenderse, a pesar de ser superado por los ladrones que le abandonaron cuando pudieron apoderarse de sus posesiones.

“Uno siente el dolor frío y seco, un ardor cuando la navaja corta la piel, pero en medio de todo no tenía tiempo para pensar en lo que estaba ocurriendo’‘, recuerda López, quien hace la historia desde México. “Fue después, cuando vi la sangre, que me di cuenta de la gravedad’‘.

Sin poder ocuparse de la espalda, López se quitó la camiseta y la aplicó sobre la herida del pecho para detener la hemorragia y comenzó a caminar sin rumbo hasta que una ambulancia que pasaba de pura casualidad lo recogió y lo llevó al hospital más cercano.

Allí las pruebas revelaron que el puñal había rozado el corazón, que si la hoja se hubiera desviado una pulgada más, hoy este muchacho de Cienfuegos que practicaba el boxeo desde los siete años no estaría entre los vivos, ni soñando con una carrera profesional.

“Todo eso me dio una perspectiva más completa del drama de los inmigrantes’‘, apunta López, quien nació en Cruces. “Los que triunfan lo hacen apoyados en el recuerdo de sus sufrimientos, de sus experiencias. ¿Cuántos no atravesaron un drama como el mío o peor?’‘.

La recuperación le tomó varios meses, pero una vez que estuvo en pie se dedicó por entero a los entrenamientos y hoy forma parte de un grupo de cuatro púgiles antillanos -junto con Yoelvis Gómez, Geovany Bruzón, y Ariel Pérez- que posee en Méixo una rampa de lanzamiento para conqustar el mundo.

Ahora espera volver al cuadrilátero un par de veces más antes de que finalice el 2020 apoyado por el manager Jesse Rodríguez y Aldo Mir, presidente de Boxing Major League, promotora basada en Las Vegas.

“Si no me mataron aquella noche en Tapachula, fue por algo’‘, recalca López. “Yo lo tomo como una señal de que el destino me tiene deparado algo mejor adelante. Si no me mataron allí, nadie me podrá matar encima del ring’‘.

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de septiembre de 2020, 8:37 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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