El Tren de Cuba tiene su próxima parada el sábado en Las Vegas con la prueba más dura de su carrera
Aquel boxeador que considere irrelevante la importancia de la esquina, debe mirar a Robeisy Ramírez. Un cambio de residencia y, especialmente, un cambio de entrenador eran todo lo que necesitaba el guerrero cubano para quitarle el polvo a su estrella y sacar a la luz los talentos que siempre estuvieron ahí.
El Tren de Cienfuegos vuelve al ring de Top Rank este sábado contra el puertorriqueño Félix Caraballo (13-2-2, 9 KO) en lo que debe ser su prueba más dura desde que decidió escapar su tierra para intentar el sueño de todo boxeador profesional: convertirse en campeón del mundo.
Con seis años en el pugilismo de paga y un enfrentamiento ante Shakur Stevenson, Caraballo habrá de exigirle mucho más a Ramírez que Adan González y esos otros oponentes que subieron con él a un cuadrilátero, pero lo importante es que él está consciente del reto, de que cada movimiento suyo será observado con lupa por su propia empresa y los fanáticos -muchos de ellos escépticos- de este deporte.
Eso es lo que sucede cuando uno no solamente carga con un oro olímpico sino con dos, cuando a uno -quiéralo o no- se le compara con Vasily Lomachenko, ni más ni menos, y cuando a uno se le menciona en un potencial choque futuro con un Stevenson que ha crecido en físico y condiciones.
Ramírez l(4-1, 3 KO) o entiendo perfectamente, porque ha dejado la arrogancia a buen resguardo y porque aquella primera derrota del comienzo le hizo comprender, a la brava, que los galones amateurs no servirían de nada si no hacía cambios profundos en su equipo.
Y aquí entra en escena Ismael Salas, uno de los profesores más respetados, que ha sabido crecer más allá del ambiente y mercado cubanos para establecerse como un técnico capaz de forjar campeones mundiales desde Australia a Japón, de Inglaterra a los Estados Unidos.
Pero siendo un hombre de alcance internacional, Salas entiende muy bien a sus compatriotas. Advierte los problemas que traen, los malos hábitos incompatibles con el boxeo profesional, las rutinas innecesarias y los problemas de personalidad que, a veces, lastran a hombres muy talentosos, pero atrapados en una transición que no acaba de completarse.
Salas logró mucho con Yuriorkis Gamboa, le está dando un nuevo aire a Erislandy Lara y convirtió en campeón a Yordenis Ugás. Se encuentra en el proceso de rescate del boricua Félix Verdejo y en la reconversión de Ramírez, de quien no duda será un futuro coronado.
Resulta tan vital que tu maestro crea en ti, que no te tenga para perder el tiempo o cobrar un cheque. Y Salas, que no tiene tiempo para perder, cree en Ramírez, en el proyecto de Ramírez, en lo que puede ser Ramírez si continúa por el camino que él le ha trazado.
Ambos llevan trabajando juntos y la obra se nota. Ramírez crece de pelea en pelea, no a un ritmo espectacular, pero sí sostenido y seguro. La meta es llegar a la élite de las 126 libras en algún momento del 2021 y apuntar a una corona del mundo para la segunda mitad de ese año.
En Las Vegas, Ramírez no solo ha encontrado al maestro, sino el entorno. Un día Lara le comparte un recuerdo de vida, otro Ugás -que sabe muy bien de vencer adversidades- le ofrece un consejo de esos que uno guarda por siempre, además de compartir una risa con Leduán Barthelemy o Verdejo. Allá, en el desierto, ha encontrado un hogar.
Ahora le toca salir este sábado y respaldar con golpes en el ring lo trabajado en el gimnasio. Salas le gritará “la amenaza’‘ en medio del combate y por el tono del voz Ramírez sabrá si le está yendo bien, regular o mal. Pero contar con ese sonido en la esquina vale en oro su peso en al aire.
Con esa voz a su lado, el Tren puede llegar lejos.
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de septiembre de 2020, 9:26 a. m..