Boxeo

Piedras o flores para Canelo Alvarez, pero nadie mueve la aguja del boxeo en Miami como el campeón de México

Saul “Canelo’‘ Alvarez no tendrá el apoyo de todo el mundo, pero todo el mundo quiere verlo pelear. Ya sea para contemplar un nocaut de gloria o para observarle tirado en la lona, el campeón de México ha alcanzado ese estatus de jerarquía mediática deparado para escogidos.

Cuando Alvarez salga a pelear este sábado en el ring instalado sobre el emparrillado del Hard Rock Stadium, deben presenciar su actuación unos 15,000 aficionados que pagaron boletos que iban de los $55 a los $2,000 en una ciudad sin esa abrumadora base de compatriotas que suele abarrotar sus combates en la costa Oeste o Nevada.

“Canelo se ha convertido en una figura de alcance internacional’‘, expresó José Pérez, uno de los managers de su rival, el turco Avni Yildirim. “Ver pelear a Canelo se ha convertido en algo de ver en televisión, algo que se espera. Nosotros solo esperamos que nuestro boxeador se muestre en el esplendor de sus habilidades’‘.

¿Bastará el esplendor de las habilidades de Yildirim para vencer al mexicano? Posiblemente no. Seguramente, casi que no. Aquellos que menosprecian al Canelo se aferran a un milagro casi lejano, a la aparición de una sorpresa que podría ser mayor a la de un Buster Douglas noqueando a Mike Tyson o la de un Andy Ruiz tirando a Anthony Johsua. Las apuestas y los expertos, más una parte considerable de los aficionados van a este choque absolutamente convencidos de que el boxeo y la fuerza del mexicano harán la diferencia.

“No creo que nadie pueda vencerme en las 168 libras, porque me siento en un momento muy bueno’‘, comentó Alvarez, pero sin un dejo de pedantería sino con la confianza del que siente lo inevitable y tangible. “Este es un paso más hacia la conquista de todos los títulos en los súper medianos’‘.

¿Por qué Canelo no acaba de convencer? Ciertamente habría uno o dos decisiones controversiales que fueron a su favor, pero más allá de eso se trata de un caso de estudio que va más por el lado de ser el hombre en la cima, y cuando uno está en las alturas llueven piedras y flores con la misma intensidad.

Para ser honestos, esta pelea sería de puro trámite, una de esas citas “obligatorias’‘ para defender faja y pagar una suma de dinero al organismo que la ordena, en este caso el Consejo Mundial del Boxeo. La candidatura de Yildirim, por mucho que la expliquen, para llegar a ser primer retador levanta como mínimo sospechas: con una derrota y dos temporadas de inactividad.

Más allá de esos tecnicismos que exasperan al fanático y que en ocasiones son incomprensibles, la pelea está aquí. El Canelo está en Miami y su sola presencia vale la pena, especialmente en un mercado como este deprimido en el boxeo y alejado de los magnos eventos en los deportes de combate. Que hayan elegido esta ciudad ya es para agradecer.

Si los promotores locales sufren y mueren con la fanaticada del patio, los empresarios de afuera lo piensan dos veces antes de celebrar sus shows en esta región. Canelo y DAZN corrieron un riesgo, pero parece que recibirán beneficios. Esto puede abrir puertas y generar esperanzas.

Pero confirma, sobre todo, el poder de arrastre del Canelo, su capacidad de venta y su posición como una de las pocas figuras que mueve la aguja del boxeo. Que la gente acuda a la casa de los Dolphins, lejos de California o Texas, para verlo triunfante o humillado importa solo en el orden personal. Guste o no, Alvarez vive su momento en la cumbre.

Ya veremos después quién le tira piedras y que le ofrece flores.

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de febrero de 2021, 5:18 p. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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