Boxeo

Los impuestos, la muerte y la polémica en torno a Guillermo Rigondeaux cada vez que pelea, cosas inevitables

A un lado se amontonan las críticas y del otro se apilan los elogios. Los aficionados se enfrentan de manera feroz sobre el tema de Guillermo Rigondeaux, pero la mayoría de quienes viven dentro de la industria del boxeo no tienen ese problema. Ellos se arremolinan en un haz en torno a quien consideran un maestro.

Rigondeaux enfrenta este sábado un reto ante John Riel Casimero que definirá si su carrera escribe un nuevo capítulo y suma una faja más a su colección o si el retiro aparece de manera definitiva en un hombre que cumplirá 41 años en unas cuantas semanas.

En cierta ocasión, Andre Ward -uno de los púgiles más inteligentes que jamás haya pisado un cuadrilátero- colocó al estilista cubano entre los mejores libra por libra del mundo y siempre lo defendió públicamente de quienes le consideraban aburrido y corredor encima del encerado.

“No tengo más que respeto para Rigondeaux. Y si ellos no te entienden, no es tu culpa. Si no recibes el respeto que mereces, no es tu culpa’’, apuntó el ahora comentarista de ESPN y uno de los mejores del ring en junio del 2017. “Si no recibes el respeto que mereces, tiene que ver más con ellos, que contigo’’.

¿Pero acaso no tienen algo de razón quienes le exigen más ofensiva? ¿No tiene derecho a reclamar espectáculo -más sangriento, se diría- aquel que pagó una entrada? ¿Existe un prejuicio contra Rigondeaux o se trata sencillamente de desconocimiento del boxeo en estado puro?

“Hay que entender al fanático, pero también entender que el estilo de Rigondeaux es válido y que existe desde que hay boxeo en ese mundo’’, explicó el profesor Pedro Roque. “Rigondeaux es una gloria, un hombre con una ética de trabajo fenomenal. A su edad, nadie se mueve como él, nadie posee esa inteligencia del ring. Eso es para aplaudir’’.

Uno de los abanderados de la corriente crítica y oscura ha sido el promotor Bob Arum. Quizá el veterano empresario no pudo pasar página -hasta la derrota ante Vasyl Lomachenko- de ver cómo Nonito Donaire era reducido por Rigondeaux horas después de haber recibido el premio de Mejor Boxeador del 2012 en Nueva York.

Habría que recordar lo que era el filipino antes de su choque contra el cubano. Un prodigio, un súper dotado. No por gusto le decían el “Flash’‘ por su rapidez de piernas y manos. La pregunta por entonces no era si iba a ganar o no, sino en que round Rigondeaux mordería el polvo de la derrota por nocaut. Lo que sucedió ya es historia.

Pero tampoco se puede decir que las cosas mejoraron de manera significativa para Rigondeaux, quien jamás se elevó de la misma manera debido a inactividades y rivales de poca monta que a veces deslucían las peleas. También habría que decirlo, su solo nombre espantaba potenciales oponentes.

Víctima -ahí están las declaraciones de Arum y el papá de Leo Santa Cruz- de burlas, errores e incomprensiones, y hasta algo de mala suerte, la carrera de Rigondeaux no alcanzó otra cota similar, casi en estado vegetativo, hasta firmar con Premier Boxing Champions y dejarse guiar por Luis de Cubas Jr.

Un triunfo contra Casimero en las 118 ibras catapultaría a Rigondeaux a lo más alto del ranking, tendría un efecto multiplicador en sus opciones, superior al generado frente a Donaire, que al final se fue diluyendo.

Lo que no parece irse a ninguna a parte es la polémica entre quienes consideran a Rigondeaux un maestro, heredero de finas tradiciones de boxeo; y aquellos que detestan su manera de operar en el cuadrilátero. Si triunfa este 14 de agosto, habrá dado un paso monumental en su carrera y silenciaría, al menos por el momento, las críticas.

Pero si pierde...

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de agosto de 2021, 9:31 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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