Boxeo

John Riel Casimero vence a un Guillermo Rigondeaux que se atrinchera en sus fortalezas: movimiento y habilidad

John Riel Casimero siempre pregonó que iba a retirar a Guillermo Rigondeaux. Después de su victoria este sábado, quizá no esté muy lejos de la verdad, porque a su edad y su estilo que gusta poco al fanático, al cubano no deben quedarle muchas opciones.

El filipino se impuso por decisión dividida de los jueces en una velada efectuada el sábado en la noche en Carson, California, ante un Rigondeaux que, como ha sucedido en otras ocasiones, evitó intercambios y se dedicó a moverse por todo el cuadrilátero., haciendo fallar a su oponente, pero sin la acción convincente delante de dos de los jueces.

Una vez más, sin embargo, Rigondeaux fue el catalizador de una gran polémica y algunos vieron ganador al cubano sobre un Casimero que, si bien vino adelante en todo momento, no pudo establecer un tren de pelea ni cortarle el ring para evitar esos constantes desplazamientos de los que suele hacer gala el Chacal.

Desde el primer round, Casimero presionó encima del antillano y colocó un par de buenos golpes, mientras Rigondeaux intentaba moverse y evitar el poder del filipino que venía de frente, lo que sería utilizado a su favor en el segundo asalto con un mejor sentido del ring.

Del tercero al ultimo la película fue casi la misma: un Casimero que trataba de forzar la acción y un Rigondeaux que se movía lateralmente y buscaba alguna apertura en la armadura del asiático que lo perseguía inútilmente por todo el cuadrilátero en una evolución repetida hasta el cansancio.

En algún momento, Casimero se paró en el medio del encerado y le pidió más acción a Rigondeaux, quien de cierta manera frustraba bastante a su oponente y le hacía fallar en innumerables ocasiones, a pesar de que el Chacal no se mostraba muy activo en la mayor parte, salvo algún que otro golpe preciso.

Si en sus tiempos de gloria, poseedor de dos cinturones en las 122 libras, a Rigondeaux le costaba trabajo encontrar oponentes de valía por su estilo complicado y el bajo incentivo económico que provocaba, luego de este fracaso sus días como guerrero de primera línea pueden haber acabado por completo.

Claro está, Rigondeaux, si así lo deseara, sería bienvenido en circuitos locales con bolsas limitadas, pero dudo mucho que sea llamado a carteleras importantes como esta ahora que ya no posee atributos promocionales como una corona o un nombre atractivo para el público como aún lo es, increíblemente, Yuriorkis Gamboa.

Ningún promotor, en su sano juicio, pondría a una figura emergente contra Rigondeaux, a diferencia de lo que han hecho Floyd Mayweather y Eddie Hearn al colocar a Gervonta Davis y Devin Haney, respectivamente, para apoderarse del nombre de Gamboa en la hoja de servicios.

Rigondeaux, a pesar de la derrota, sería muy complicado para un joven y poco atractivo para un veterano, de modo que si antes se encontraba en un limbo, lo más probable es que sus contornos se irán desdibujando en la realidad de un panorama brutal con aquellos boxedores de estilo.

Y claro que ahora renacerán las críticas y hasta las burlas para un Rigondeaux que en contadas ocasiones, como cuando venció a Nonito Donaire, no supo o no quiso darse cuenta de un cambio fundamental en los tiempos: gran parte de a afición no soporta siquiera eso que en el pasado llamaban rounds de estudio. Sangre al principio y sangre al final.

Rigondeaux se aferró a su estilo evasivo, lleno de fintas y movimientos, a veces demasiados, para conquistar esas dos fajas en el peso súper gallo y luego ganar otra corona secundaria -que luego le quitaría la Asociación Mundial del Boxeo- sin importarle lo que la gente pensara.

Ya el tiempo se encargará de poner las cosas en su lugar. Cuando se asienten los lodos, se verá entonces que si bien Rigondeaux pudo lograr mucho más por sus talentos y habilidades, por errores propios y ajenos, también alcanzó cosas importantes para sumar a sus dos títulos olímpicos.

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de agosto de 2021, 0:10 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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