México está lleno de entrenadores cubanos, esa liga ha beneficiado a los boxeadores del país
Uno de los secretos mejores guardados del boxeo mexicano es la influencia cubana en los estratos iniciales. Osvaldo Carrasco forma parte de ese grupo de entrenadores que trabaja de manera incansable en la base de formación de los guerreros que luego integrarán esa formidable armada profesional.
Varios de los buenos púgiles de esa nación -un ejemplo de eso es Miguel Berchelt- han pasado en algún momento por las manos de Carrasco, un habanero que lleva mucho tiempo en el área de Cancún y se ha “aplatanado’’ sin perder su cubanía, algo que se le nota por encima de la ropa.
Agradecido de Cuba y de México, Carrasco es un hombre al que muchos padres le traen sus hijos que comienzan en los trajines del ring, porque sus credenciales como profesor son respetadas. Hace poco vino a Miami y compartió sus experiencias con El Nuevo Herald.
¿Cómo llegas a México?
Cuando llego a Cancún, en realidad no había boxeo [amateur]. Íbamos a una olimpiada y todos cogían medallas, porque no iban atletas. Pero luego se fueron incorporando muchos entrenadores cubanos en otros estados y entonces la cosa se puso difícil. Había cubanos trabajando en todo México’’..
Se ligó lo mexicano con lo cubano, entonces...
“Había también entrenadores mexicanos muy buenos y al ligarse lo mexicano con lo cubano creo una experiencia muy bonita, muy linda, que creo ha beneficiado mucho al boxeo de ese país y a los muchachos que empezaban en el boxeo’’.
Muchos dicen que el boxeo cubano no da espectáculo...
“El boxeo cubano hay que entenderlo. Muchos dicen que el cubano no se faja y eso sucedió en la etapa de Guillermo Rigondeaux, porque todo era para marcar puntos. Marcar puntos y correr. Marcar puntos y que no te dieran. Con eso ganabas. Era la máquina. Se acostumbraron a eso, a puntear y correr. No era necesario fajarte’’.
¿Cómo te aceptaban los boxeadores mexicanos?
“Muy bien. Estuve al lado de dos grandes personalidades en Cancún, Nachito Sotelo y el Chino Celis. Tuve mucho apoyo de ellos y aprendí de los entrenadores mexicanos. Poco a poco me voy metiendo y trabajo con Miguel Berchelt, con Jesenia la Niña de Oro, y trabajaba la técnica con muchos boxeadores. Luego abrí mi academia de boxeo y empiezo a crecer’’.
¿Qué aprendió contigo Berchelt?
“Muchas veces era el técnico suplente de Miguel. Cuando se fue Ramiro Basulto [entrenador cubano] tuve que asumir de suplente, porque no me gustaba ser director técnico. Berchelt se crió dentro de nosotros los cubanos y con mexicanos. Berchelt me quiere mucho desde que era un niño y no era nadie. Hemos tenido muy buena química. Su entrenador Miguel Martínez trabajó mucho más con él’’.
¿Cómo son vistos los entrenadores cubanos en general?
“A nosotros nos quieren. No le quitamos nada a nadie, respetamos a todos y nos damos nuestro lugar. Los atletas saben hacia dónde van, porque saben con quién quieren estar. Estamos contribuyendo en tornos. México está lleno de entrenadores cubanos. Cada vez que hay un torneo nacional vemos un tremendo grupo de entrenadores cubanos’’.
¿Y a ti que te ha dado México como entrenador?
“Todo me lo ha dado México. Le debo todo lo que tengo. Mi vida la hice en México, como persona, como hombre. Mi esposa es cubana y es entrenadora de boxeo en el estado. Hay dos entrenadoras mujeres’’.
¿Imaginas a Cuba con boxeo profesional?
“Sería terrible. Cuando la selección cubana peleó en Aguascalientes, la gente me dijo que les había faltado agresión y yo les dije que ellos iban a los Juegos Olímpicos y debían cuidarse. México presentó un buen equipo. Hay boxeadores en México muy buenos y nadie los conoce’’.
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de septiembre de 2021, 11:38 a. m..