Yunier Dorticós, los guerreros cubanos y la advertencia del tiempo
Después de un largo receso de acción y de una pausa en su cadena de nocauts, Yunier Dorticós (19-0, 18 KO) regresó a los cuadriláteros el viernes en la noche con el poder de sus puños intacto y el instinto "criminal'' de siempre.
Dorticós derrotó por la vía rápida a Galen Brown (43-31-1, 25 KO) tras llevarlo en tres ocasiones a la lona en el mismo primer asalto, pero no se esperaba otra cosa del púgil cubano de mejor pegada en los últimos tiempos.
Bastaba echar un simple vistazo a su record para comprobar que el rival de Dorticós no era nada del otro mundo, sino apenas una examen que sirviera de termómetro a las capacidades actuales del crucero cubano tras ese período de inactividad.
Al final de la jornada, Dorticós fue a Kissimmee, venció a su oponente y convenció en la cartelera de Telemundo, pero de este triunfo apenas se puede sacar que sigue poseyendo la fuerza que en un momento le llevó a eslabonar una cadena de 17 nocauts antes de derrotar por decisión unánime en octubre del 2014 a Edison Miranda en Miami.
Sin embargo, la carrera de quien se hace llamar el "Doctor del KO" se detuvo en seco tras aquella jornada en la Arena American Airlines, dejando escapar uno tiempo precioso, al igual que le sucede a otros de sus más prestigiosos compatriotas.
Mirar adelante
Ya no vale la pena encontrar culpables y estoy seguro -él mismo lo ha reconocido en diversas ocasiones- que mucho de ese lapso sin pelear es responsabilidad de Dorticós, un muchacho bueno que a veces ha perdido la paciencia y el rumbo.
Lo que vale ahora es lo que viene. Dorticós, su equipo, los que le rodean y todos los otros boxeadores cubanos, deben entender que no existe un bien más preciado en una carrera deportiva que el tiempo para usar esas habilidades que Dios puso en su camino.
Basta ya de guerras estériles, de dedos acusadores, de talentos desperdiciados. Esta gran generación de boxeadores cubanos ha tenido momentos de gloria innegables, pero puede pasar a la historia no por lo que conquistó, sino por lo que dejó de ganar en relación con ese enorme caudal de talento que posee.
A sus 29 años, Dorticós se encuentra en el momento justo para comenzar a despegar, pues en los pesos grandes los guerreros se pueden dar el lujo de extender sus carreras algo más allá que en las divisiones pequeños.
Testamento
Pero valdría la pena el ejercicio mental de imaginar dónde habría llegado Dorticós si en vez de detenerse en seco hubiera continuado derribando rivales como si fueran moscas con esas manos enormes como un mapa del mundo.
Cierto. Los cubanos enfrentan más trabas que otros, las que se ponen ellos mismos con decisiones erróneas y las que les imponen las promotoras y las cadenas de televisión, pero la excusa que se muestra contra algunos de los más renombrados exponentes de la isla no aplica a Dorticós: ¿cómo puede ser aburrido un púgil cuyo porcentaje de nocauts es de 94?
Lo bueno, en toda esta historia, es el regreso. Nada ni nadie, ni siquiera él mismo, debe interponerse entre Dorticós y la gloria posible, porque sería un crimen que alguien con su potencial pase a ser una estadística más de la estupidez humana, de no ver lo que el sentido común deposita delante de sus ojos.
Una vez el gran Eliseo Diego terminó, tal vez su mejor poema, Testamento, con estos versos: "les dejo el tiempo, todo el tiempo''…A los boxeadores, desgraciadamente, esta orfebrería del lenguaje no les aplica. Ellos no pueden desperdiciarlo.
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Esta historia fue publicada originalmente el 18 de julio de 2015, 0:36 a. m. with the headline "Yunier Dorticós, los guerreros cubanos y la advertencia del tiempo."