Boxeo

Con un nocaut brutal, el Monster de Cuba y Miami dice adiós a los deportes de combate

Ulysses Díaz se fue en sus propios términos. Después de muchos años en el negocio de los golpes y el dolor, el cubano ha colgado los guantes o, mejor dicho, sus puños, después de imponerse este fin de semana por nocaut en el evento BYB 29 Brawl In The Pines III.
Ulysses Díaz se fue en sus propios términos. Después de muchos años en el negocio de los golpes y el dolor, el cubano ha colgado los guantes o, mejor dicho, sus puños, después de imponerse este fin de semana por nocaut en el evento BYB 29 Brawl In The Pines III. BYB

Ulysses Díaz se fue en sus propios términos. Después de muchos años en el negocio de los golpes y el dolor, el cubano ha colgado los guantes o, mejor dicho, sus puños, después de imponerse este fin de semana por nocaut en el evento BYB 29 Brawl In The Pines III.

Brutal dentro de cualquier ring o jaula, pero un caballero fuera de ella, Díaz venció por nocuat a Szymon Szynkiewicz en 39 segundos en el evento coestelar de BYB Extreme Bare Knuckle Fighting efectuado en Pembroke Pines, Florida, algo que pudiera parecer muy corto tiempo, pero que palidece con el récord que aún permanece vigente en otra empresa de boxeo a mano limpia como BKFC.

Todavía se recuerda por estos lares -y mientras nadie le rompa la marca- como Díaz despachó en apenas tres segundos a Donelei Benedetto en el evento BKFC 14 y como llegó a disputar una faja mundial de esa empresa, de la cual fue uno de sus pioneros.

Durante mucho tiempo no había ninguna noche de deporte de combate en la que Díaz no dejara su huella, ya fuera en una competencia de grappling o en el boxeo tradicional, donde llegó a conquistar una faja regional y dejó balance respetable de 14 victorias, una derrota y 13 nocauts.

Díaz nunca fue el más técnico, pero siempre el más dramático. No pasará a la imaginación popular por ser un dechado de habilidades, sino por una presencia intimidante y una manera muy personal de abandonarse por completo en el fragor de la pelea, sin miedo, sin vacilación.

Cada vez que se anunciaba como parte de una velada, todos sabían que iban a recibir en entretenimiento centavo a centavo lo que habían pagado por la entrada porque con Díaz no había pelea aburrida, no existía un round de estudio, sin tregua ni cuartel.

Todos le conocían como el “Monster’’ y se le respetaba nada más de levantar la vista y atravesar con ella al que se pusiera por delante.

Díaz venía de las calles duras de Miami y formaba junto con Jorge Masvidal y Luis Palomino una especie de tridente de peleadores que abrieron caminos para muchos que llegaron después.

Pero tampoco había pelea donde no estuviera con su familia, con sus hijos, con sus amigos. Ese círculo íntimo siempre estuvo a su lado y los fanáticos le premiaban con aplausos, porque entendían que estaban presenciando algo genuino, real entre tantas falsedades que, en ocasiones, plagan el mundo de la promoción.

Se le va a extrañar y mucho. Los peleadores jóvenes deberían tomar alguna que otra página de su libro personal, que como toda obra también tendrá capítulos buenos y malos, pero que por encima de todo se basó en arrancar aplausos y conquistar fanáticos.

No siempre hay que ser campeón con faja para llevar una corona. Uly Díaz siempre tendrá una, aunque no se vea.

Esta historia fue publicada originalmente el 12 de agosto de 2024, 10:28 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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