Velocidad y poder de peleador japonés apagan a veterano de Venezuela afincado en Miami
Un viejo dicho en el boxeo reza que la velocidad mata. Definitivamente, Andy Hiraoka utilizó esa herramienta para imponerse el martes en la madrugada a Ismael Barroso y colocarse en ruta directa a un choque contra el rey de las 140 libras en la Asociación Mundial del Boxeo José “Rayo’’ Valenzuela.
Hiraoka le propinó tres conteos de protección al venezolano para imponerse por nocaut técnico en el noveno asalto en la cartelera de respaldo donde Naoya Inoiue, para muchos el mejor boxeador libra por libra del planeta, enfrentaba a TJ Doheny, exponiendo sus faja en el peso supergallo.
Siempre listo a pelear en cualquier geografía del mundo, Barroso sabía que enfrentaba a un rival que a sus 28 años se encuentra en el pico de su producción física y mental, además de ser considerado uno de los mejores boxeadores japoneses del momento y en extremo popular.
Desde que comenzó el combate quedó en claro que Hiraoka, hijo de padre ghanés y madre nipona, iba a utilizar su explosividad y movimientos para circunvalar los peligros de la mano derecha de Barroso, quien posee un reconocido poder de nocaut y venía de doblegar por la vía rápida al también joven O’hara Davis, antes de ser robado de un casi seguro triunfo ante Rolando Romero.
Hiraoka comenzó a utilizar su jab, profundo y educado, para inutilizar cualquier intento del veterano de 41 años, quien trataba de encontrar algún tipo de ritmo que le permitiera descargar su potencia, pero se advertía que no tenía la capacidad para mantener el paso que le presentaba su oponente.
Para el sexto asalto llegaba un primer conteo de protección, pero no quedaba muy claro la efectividad del golpe, aunque era como una premonición de lo que vendría unos rounds más tarde, porque Barroso se veía cada vez más aventajado por un hombre que no solo le superaba en anticipación, sino que utilizaba la estatura y el alcance para desconcertarlo.
Si el knockdown del sexto no fue tan contundente, el segundo conteo del noveno asalto ya no dejaba lugar a dudas del rumbo que iba tomando la pelea y a los 2:68 minutos Hiraoka descargaba otra combinación que obligaba al árbitro a intervenir y a su esquina a detener el combate para evitarle un castigo más severo.
Sin duda alguna, su entrenador Osmiri Fernández, hizo lo correcto, ya que no parecía que Barroso pudiera darle un vuelco a esta marea de golpes de un Hiraoka que incrementaba su accionar y su confianza ante la erosión de un hombre con una trayectoria dilatada y sólida, pero que al menos en esta ocasión no estaba en condiciones de aspirar a la victoria.
Habrá que ver ahora, por su veteranía y edad, cuál es el siguiente paso de la promotora M&R con el peleador venezolano que ha encontrado en Miami una segunda casa y que, pase lo que pase, es reconocido como uno de los grandes boxeadores de su país
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de septiembre de 2024, 6:06 a. m..