Canelo Álvarez vs. Edgar Berlanga: una pelea que nadie pidió, pero que se vende a la sombra del patriotismo
Llegó la pelea que no quería nadie. Una vez más, agitando los hilos del boxeo, Saúl “Canelo’’ Álvarez ha maniobrado de manera inteligente para enfrentar a un oponente poco deseado y que nada le aporta a su legado.
Edgar Berlanga es un boxeador sobrio, de innegable pegada, pero nada más. Una sorpresa aquí no es esperada en lo absoluto.
Siguiendo las para nada estrictas leyes del boxeo, Canelo debía enfrentar a William Scull, retador correspondiente por la Federación Internacional de Boxeo (FIB), pero el mexicano decidió dejar vacante su faja para sellar el enfrentamiento contra el peleador de raíces puertorriqueñas en lo que será, como casi siempre, una muestra de negocio por encima del deporte.
Hay que aceptar que tras Scull no existe la fuerte maquinaria, ni financiera ni humana para convertir un choque contra Canelo en una megapelea.
Al menos no por ahora, pues si el matancero se convierte en campeón mundial en los próximos meses, quizá el interés del mexicano crezca, así como su deseo de recuperar los cuatro cetros supermedianos.
Este pelea no se está vendiendo como Canelo vs. Berlanga. No, este combate se promueve bajo la sombra de las banderas de México vs. Puerto Rico, aprovechando la fecha de la independencia azteca en Las Vegas y el orgullo boricua para ver si la gente muerde la carnada.
No por gusto uno gritó: “Viva México, cabrones’’ y el otro respondió: “Viva Puerto Rico, puñeta’’.
Pero más allá de los gritos se impone la realidad. ¿Por qué está Berlanga peleando esta gran fecha contra el hombre reconocido como la cara del boxeo?
Por una combinación de factores que pasan por la partida de los mejores pugilistas de la división como David Benavídez y David Morrell, pasando por el contubernio de los organismos incapaces de obligarlo a pelear contra ellos -mis respetos a la FIB por apoyar a Scull- y las maniobras inteligentes del promotor del peleador del Bronx, Eddie Hearn, cercano de una forma u otra al equipo del Canelo.
Berlanga es un hombre con poder y eso se le reconoce, pero resulta muy pedestre como peleador, incapaz de cambios de dirección o de soluciones sobre la marcha.
Su estilo encaja perfectamente en los planes de Álvarez y no se sorprenda nadie si vemos el primer nocaut del campeón en mucho tiempo. Es que esto pareciera una farsa si se traspasan los ribetes de la “rivalidad histórica’’ con la cual quieren envolver el producto de mala calidad.
Jaime Munguía era un reto superior para Canelo y ya todos vieron como terminó el asunto.
¿Qué pudiera hacer diferente Berlanga para cambiar el curso de la historia? Es probable que en un campamento de meses haya implementado algunos elementos diferentes, pero dudo mucho que al punto de sacar al tapatío de su tren de pelea y su seguro accionar.
Ya esta no es ni por asomo la mejor versión de Canelo. Más lento, predecible. Desde la derrota ante Dmitry Bivol se le ven las costuras del tiempo y el desgaste, pero es la elección de rivales como el propio Berlanga las que explican su permanencia en el sitio que actualmente ocupa. La ausencia de los mejores soporta su supervivencia.
Canelo es un seguro Salón de la Fama y se encuentra entre los mejores de México de todos los tiempos, pero en esta etapa de su carrera se contenta con trastocar el sentido lógico de lo que significa ser un campeón: enfrentar al que esté delante por méritos y resultados.
De manera desafiante, Álvarez desechó las credenciales de Benavídez e ignoró a Morrell, así como ni siquiera miró a la posibilidad de Scull, a pesar de que esa decisión le llevó a perder su condición de rey absoluto.
En sus propias palabras, ha alcanzado un estatus donde hace lo que le viene en gana y pelea contra el que decida. El hombre por encima del sistema. Un sistema roto desde hace tiempo, lleno de intereses e intrigas palaciegas.
¿Vamos a ver la pelea? Claro que sí. Al final se trata del Canelo Álvarez y queda la remotísima posibilidad que Berlanga le conecte con un golpe extraviado.
Pero aquí sale saltando una potencial novedad, queda eliminada la sorpresa de antemano. Vamos a ver la pelea como quien va a una fiesta y ya sabe qué música va a escuchar. Con los mariachis de fondo y al grito de guerra, el “Viva México, cabrones’’ retumbará una vez más en Las Vegas.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de septiembre de 2024, 3:35 p. m..