Boxeo

Ahora me toca tomar las riendas y agarrar el timón del carro del boxeo cubano. Campeón va con todo a su pelea

David Morrell aún recuerda la fecha exacta que visitó por primera vez el Versailles. Un 15 de julio del 2019, poco tiempo después de haber llegado a Estados Unidos desde México, el entonces desconocido prospecto del boxeo cubano se sentó en el venerable restaurante que ha sido el punto neurálgico de la comunidad cubana en el exilio.

Tampoco se ha olvidado de lo que comió: churrasco, arroz congrís y platanos maduros. Ya ha perdido, sin embargo, la cuenta de las tantas veces que ha venido a este sitio obligado en Miami, pero ahora su plato favorito es el pollo Gordon Blue, envuelto en jamón y queso.

“Qué cubano que se respete no viene por acá’’, afirmó Morrell, quien regresó al Versailles para una ronda de entrevistas previas a su pelea del 1 de febrero contra David Benavídez en Las Vegas.

“Pero uno no viene solo por la comida. También disfruta de la gente, de ese acento conocido en que se reconocen tantas cosas, de una sonrisa. Y claro está, por el café’’.

Como parte de la promoción, Morrell entra en la famosa ventanita del recinto e intenta como puede dominar la enorme máquina que cuela -es un decir para no ser arrastrado por la tecnología- marejadas del néctar de los dioses para miles de marchantes que pasan por ahí diariamente.

A Morrell le cuesta trabajo que el café le salga con esa crema tan buscada por la gente y le deja el trabajo a las muchachas, convencido de que le sería más fácil ganar una pelea en el cuadrilátero antes de lograr las proporciones exactas en una taza de esmalte blanco.

“Peo es tremenda experiencia porque una cosa es degustarlo del lado de acá y otra tratar de hacerlo frente a esa máquina’’, apuntó Morrell.

“Ahora tengo más aprecio por el trabajo de esas chicas. Así que mejor me dedico solamente a lo mío. Que lo mío es tirar golpes y ganar peleas’’.

Sin duda alguna, Morrell tendrá que tirar muchos y buenos golpes para ganarle a Benavídez, a quien no toma para nada a la ligera, a pesar de que en conferencia de prensa y para las cámaras pueda decirle limitado, púgil que solo sabe venir adelante y que no ha enfrentado a nadie.

Tras su paso por el Versailles, Morrell no imaginaba que le esperaba un momento tenso con Benavídez en el gimnasio BOXR del downtowm de Miami, donde ambos casi se van a las manos, lo que habría sido un desastre para la promoción de Premier Boxing Champions y la plataforma de Prime Video, que transmitirá esta pelea.

Pero afortunadamente, Benavídez regresó a su casa en Brickell, mientras que Morrell tomó el avión para irse a Houston a su campamento con el maestro Ronnie Shields, no sin antes despedirse de amigos y familiares que, muy probablemente, no lo vuelvan a ver hasta después de la pelea.

“Cuando regrese a Miami espero hacerlo como vencedor’’, reveló el muchacho nacido en Santa Clara.

David Morrell y su madre Bety Gutiérrez Arencibia posan en el restaurante Versailles en Miami.
David Morrell y su madre Bety Gutiérrez Arencibia posan en el restaurante Versailles en Miami. Foto: JORGE EBRO

“Esta nunca será la casa de Benavídez. Con certeza él no puede ser residente de Miami hasta que sepa decir: ‘qué volá asere’. Está entrenando aquí y luego se va. Hasta que no diga: ‘qué volá asere’, con cierta rutina, no puede ser considerado residente de Miami. Esto es ciento por ciento cubano’’.

Y a Morrell le ha llegado un pedazo muy importante de Cuba pues pudo traer a sus padres y sus dos hermanos, mientras que amplió Cuba de otra manera, más interna, cuando su esposa dio luz al hijo de ambos, dotándolo de una energía distinta a la de sus inicios.

Si al principio luchaba a brazo partido, apenas con la ayuda de gente que quiere mucho como amigos que menciona con cariño: Armando, Lourdes y Alexis; y con el apoyo de su empresa Warriors capitaneado por Luis De Cubas Sr., ahora posee un equipo de trabajo más compacto y ese respaldo tremendo que nace de los lazos familiares.

“Tener a mis padres, a mis hermanos, eso es algo invaluable’’, explicó Morrell.

“Yo sufría mucho en silencio, pero ahora me siento pleno. El nacimiento de mi hijo ha sido otro regalo de Dios y la vida. Si antes peleaba por gente en la distancia por alguien que no había nacido, imagínate ahora’’.

Su madre, Bety Gutiérrez Arencibia, lo mira ahora a su lado y recuerda los duros días cuando Morrell le dijo que se iba de Cuba, cuando cayó preso por un intento de salida ilegal y fue suspendido del sistema deportivo de la isla con una “baja deshonrosa’’.

Por supuesto que hubo momentos en que ella pensó que todo había terminado para su hijo, pero Morrell -siendo apenas un adolescente, pero campeón mundial juvenil- le aseguraba que las cosas iban a terminar bien, y que él se haría cargo de la familia por completo.

“Siempre me decía que tenía que irse, que iba a luchar por mí y por sus hermanitos’’, rememoró la madre sobre lo sucedido en el 2018.

“Me tomó de sorpresa. Recuerdo que lo detuvieron un Día de las Madres. Siempre me llamaba, pero esa vez no. Cuando lo supe el mundo se me vino abajo, pero él tenía esa fuerza de voluntad. Ahora lo veo triunfando y me digo que nunca me engañó, que siempre tuvo fe’’.

Gutiérrez siempre supo, también, que su hijo era un talento especial, pero eso no significa que contemple sin preocupación la pelea de su hijo contra David Benavídez porque nunca antes se había visto en el centro de tanta atención, tanta prensa y palabras fuertes entre los dos guerreros.

David Morrell y su familia posan en el restaurante Versailles en Miami.
David Morrell y su familia posan en el restaurante Versailles en Miami. Foto: JORGE EBRO

Morrell, por el contrario y sin dejar de reconocer un cierto peligro, pasa por la vida con una normalidad que asombra y considera que el choque del 1 de febrero es otro día más en la oficina, aunque entienda que toda la comunidad cubana está expectante, con una mezcla de esperanza y preocupación.

“Sé que hay muchas expectativas y no quiero decepcionar a nadie, menos a mi familia que ha venido para estar conmigo y disfrutar de mis logros’’, recalcó Morrell.

“No puedo perder. No quiero que cuando mi niño crezca le digan que a su padre le cayeron a golpes tal día. Quiero que mis padres, mis hermanos, mi esposa y mi hijo sigan sintiendo el mismo orgullo, que no sientan miedo. Y a todos mis cubanos les digo que no soy la última esperanza. Quedamos unos cuantos con ganas de hacer cosas grandes. Sé que ahora me toca a mí tomar las riendas y agarrar el timón del carro. Cuba no va a perder en Las Vegas’’.

Imaginen lo que será entonces Miami...

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de diciembre de 2024, 8:18 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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