De dormir en el coche al éxito en el boxeo sin guantes, la dura historia del Mike Tyson cubano
En una inusual madrugada fría de Miami, Leonardo Perdomo tuvo el peor de sus pensamientos. Sin poder contener las lágrimas, el hombre que hoy todos conocen como el “Zambo’’ miró los confines del desvencijado carro que le servía de techo y decidió algo que habría tirado por la borda todos sus sueños: iba a pedir una deportación voluntaria hacia Cuba.
Sin casa, sin trabajo, sin un centavo, con las manos entumecidas por el frío a veces y sudorosas por el terrible calor en otras, Perdomo creyó que todas las puertas se le habían cerrado en este país porque vivir dentro de su carro, detrás de un parque en Hialeah era la prueba de que todo estaba mal.
“Ese peor momento sería indescifrable’’, recordó Perdomo, que este jueves sube el ring de Bare Knuckle Fighting Championship en el Hard Rock Live de Hollywood, en Fort Lauderdale.
“He dormido en la calle, he dormido en un carro. Estuve literalmente dos meses trabajando como un animal para reunir dinero y poder dar el depósito de una renta. Todavía pienso en esos días y me estremezco’’.
A veces era el frío de las primeras horas, a veces el calor de los mediodías. Con todo lo fuerte que es este peso completo, enfermó de neumonía y no pudo acudir a ninguna clínica, pues carecía de seguro médico. En esas condiciones retomar la carrera de boxeo que había cortado en Cuba era una quimera.
En ocasiones recuerda perfectamente su hogar solitario: 79 calle y 27 avenida del northwest, detrás de un mercado Presidente, una zona que consideraba caliente, pero en la que solía caminar y caminar sin rumbo fijo, para espantar fantasmas y desilusiones.
Pero lo que más le dolía no eran las carencias materiales, sino las manos supuestamente amigas que le esquivaron un gesto de apoyo, que desviaron una llamada y silenciaron un pedido de socorro, alguna ayuda temporal que le permitiera levantarse.
“Siempre hay a quién llamar, pero te voy a decir una cosa y eso le va a romper el corazón a alguien’’, agregó Perdomo.
“Cuando alguien te llame pidiendo ayuda, no le digas, ‘discúlpame’, es que me acabo de sacar un carro nuevo’. Esa excusa me la dijeron como ocho personas. Me tocaba seguir aguantando y resistiendo. Estaba llorando y pensé muchas veces, debatí en mi mente, pedir una deportación voluntaria. Prefería resistir con la familia que solo. No era cobardía, sino una sensación muy humana’’.
De haber seguido esa decisión instantánea, habría sido un fracaso colosal para Perdomo, quien había salido rumbo a Costa Rica y luego a Nicaragua donde pensaba trabajar. Las cosas no salieron como le prometieron y él juntó el poco dinero que tenía y decidió venir a los Estados Unidos.
Afortunadamente, el deseo de seguir adelante prevaleció sobre la retirada a la isla y con mucho esfuerzo logró reunir el dinero de la renta para poner finalmente un techo sobre su cabeza, antes de que varios amigos le ayudaran a conectar nuevamente con el boxeo, el deporte que había practicado desde siempre en su natal provincia de Cienfuegos.
Otro boxeador cubano, Lenier Peró, le presentó al profesor Pedro Roque y desde el primer momento ambos conectaron en muchos niveles. El entrenador que había llevado las riendas del pugilismo amateur antillano reconoció al momento lo que el “Zambo’’ traía al deporte.
“Cuando lo veo entrenar y golpear me recuerda mucho a Muhammad Ali’’, indicó Roque.
“Muchos pensarán que estoy loco, pero esa mezcla de explosividad con poder, esa capacidad de entrar, castigar y salir es algo que se ve muy poco en estos días y, especialmente, en el peso completo’’.
De la mano de Roque, Perdomo retomaría el boxeo, pero no el que había conocido en su tierra, sino la nueva modalidad que hacía furor en los deportes de combate y que retomaba las costumbres más viejas del pugilismo: el que se practica a manos descubiertas, sin guantes.
Y toda esa energía volcánica acumulaba, la rabia de los días fríos y las soledades encontrarían un vehículo perfecto en BKFC.
Desde que debutó el 23 de junio del 2023, Perdomo suma seis victorias por la vía del nocaut y ninguna ha conocido la campana del segundo asalto.
“En el boxeo me pesan los guantes’’, explicó.
“El Bare Knuckle te da la oportunidad de liberar tu mente porque vas a chocar contra el puño limpio. El golpe es más real. Eso es lo más cercano a lo que soy yo, a como vivo yo. Si alguien me falta el respeto en la calle no puedo generar violencia, pero en el ring soy libre. Canalizo todo eso y lo enfoco ahí’’.
Tan electrizante ha sido el ascenso de Perdomo que recientemente el presidente de BKFC, David Feldman, le premió con una extensión de contrato y un bono que reciben muy pocos peleadores de la empresa, justo antes de su séptimo combate profesional.
Al momento de firmar el nuevo pacto, el ejecutivo le bautizó como “el Mike Tyson cubano’’.
Si este jueves derrota a un ex campeón mundial profesional como Steve Herelius va ser muy difícil negarle una pelea de título al antillano, quien asegura no sentirse presionado por eso y que solo desea crecer junto con el circuito de manera sostenida.
Quizá esa manera calmada es gracias a la estabilidad de estos días, a la seguridad económica, la creación de una familia y el hecho de convertirse en padre, algo que le ha cambiado la vida y le brinda una nueva perspectiva, además de un impulso tremendo en su vida y su carrera.
“Cuando yo subo al ring no existe contrario, no existe oponente que pueda poner en peligro el futuro mío y de mi familia’’, recalcó Perdomo, quien ha ido creando una fiel base de fanáticos gracias a esos nocauts proverbiales.
“Soy padre y esa es una de las metas que me hace esforzarme cada día más’’.
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de marzo de 2025, 9:01 a. m..