Boxeo

Nadie espera nada de mí y eso es bueno: el cubano que no durmió al enterarse que pelearía con Canelo

En la vida del boxeador cubano William Scull hay fechas que no se olvidan.

Pero hay una que se quedará tatuada para siempre en su memoria: el día en que, a las seis de la mañana, lo llamaron para decirle que sí, que esta vez era de verdad, que había acuerdo y que la pelea contra Saúl “Canelo’’ Álvarez era un hecho.

Ahora, la pelea que tanto esperó está a punto de hacerse realidad cuando el campeón cubano de la Federación Internacional del Boxeo se mida este sábado 3 de mayo en Riad, Arabia Saudita, al legendario peleador mexicano que atesora los otros tres cinturones de la división supermediana

“Cuando me confirmaron ciento por ciento la noticia no dormí más’’, confiesa el antillano que sube al ring en una de las veladas más importantes del 2025, como parte de esa nueva era dorada del boxeo que se está cocinando bajo los petrodólares del Medio Oriente.

“Me levantaron a las 7 de la mañana y no pude volver a dormir. Para mí era algo que estábamos esperando desde hace años’’.

No lo dice por decir. A Scull le han prometido muchas cosas. Ha visto cómo otros con más marketing y menos récord terminaban llevándose las bolsas grandes. Ha sentido lo que es estar cerca y que te cambien por un nombre en último momento.

Cuando surgió el rumor de que Canelo podía enfrentar a Jake Paul en mayo sintió que otra vez se le escapaba el tren.

“Fue como un golpe en los testículos’’, explica sin rodeos.

Scull es así: habla claro, sin adornos. Como pelea. No promete fuegos artificiales, pero asegura que el mundo aún no ha visto todo lo que es capaz de hacer sobre el ring.

“Siempre he dicho que mi boxeo no se ha visto como debe ser porque no he tenido ese rival que lo saque. Esta va a ser esa gran pelea’’.

Y qué rival. Canelo Álvarez, el campeón más decorado de las 168 libras, el rostro del boxeo latino y mundial, el hombre que define esta era con sus luces y sombras.

Pero Scull no se achica. “Él tiene dos manos igual que yo. Solo tengo que prepararme bien y demostrar’’.

No tiene bombo mediático, pero tiene hambre



Desde que salió de Cuba, donde ya con 16 años se fajaba con figuras reconocidas en la isla como Emilio Correa y Carlos Banteur, Scull ha recorrido un camino de esfuerzo silencioso. No tiene el bombo mediático de otros, pero tiene hambre. Escribe una historia.

No tiene el bombo mediático de otros, pero tiene hambre

Siempre recuerda que se fue solo a Argentina, apenas sin conocer nada ni a nadie en ese país, y que luego llegó a Europa, donde todo le era aún más extraño, pero eso no le quitó las ganas de sobresalir y de convertirse en alguien dentro del mundo del boxeo.

“Yo no llegué con los galones de otro porque no fui campeón olímpico ni mundial’’, explica.

“Todo lo que me gané fue a pulso, pero sin otro impulso que no fuera el mío propio, de tratar que todos esos sacrificios no fueran en vano. Ni en los peores momentos me dejé caer física o anímicamente’’.

A base de victorias se fue abriendo camino en las clasificaciones, subiendo la escalera de los retadores, a veces en la oscuridad, a veces en medio de muchos reflectores, hasta que llegó el momento de pelear por la faja del mundo contra el ruso Vladimir Shishkin.

Era por la faja que Canelo había dejado vacante para medirse a Edgar Berlanga, una pelea donde había más dinero y fama porque como bien dijera el mexicano: “yo ni sabía quién era Scull hasta que se convirtió en retador por la Federación Internacional del Boxeo’’.

Listo para cambiar su vida

Ahora ya sabe quién es.

Este combate será más que una pelea: es la primera del nuevo pacto entre Canelo y el poderoso Turki Alalshikh, que quiere hacer de Arabia Saudita la nueva meca del boxeo y todos ven a Scull como un paso apenas, un puro trámite hacia la megacita contra Terence Crawford en septiembre.

Las casas de apuestas no lo favorecen. Los expertos no le dan muchas posibilidades. Pero eso no parece afectarlo.

“Eso me ayuda’’, afirma sin ningún tipo de doblez.

“Siempre he sido un boxeador que ha venido de cero a más’’, asegura.

“Quiero ganar la pelea, dar un espectáculo y que el mundo vea que William Scull pudo. Para mí esto no termina con una pelea, apenas empieza’’.

Lo dice con la firmeza de quien no solo sueña, sino que ya está despierto. Porque desde el día en que le confirmaron la pelea, William Scull no ha dormido más.

Y no es por ansiedad. Es porque la oportunidad de su vida por fin tocó la puerta y él ya está listo para abrir.

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de abril de 2025, 8:02 a. m..

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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