Una pelea para cambiarlo todo. Boxeador cubano se juega su carrera en el ring el 28 de junio en Fort Lauderdale
Una pelea que puede cambiarlo todo.
Así lo ve Osmiri “Morito’’ Fernández, el hombre que ha estado al lado de Idalberto Umara desde que el joven boxeador cubano puso pie en el profesionalismo. No es una más. La del 28 de junio representa una bisagra en la carrera del peleador radicado en Estados Unidos, una oportunidad para renacer… o quizás para dar un paso al costado.
Después de una dolorosa derrota decepcionante el 18 de abril en Orlando donde Umara no pudo salir a pelear en el séptimo asalto y cayó ante Hendri Cedeño por nocaut técnico, el cubano regresa al ring este 28 de junio en Fort Lauderdae para enfrentar al argentino Sergio Mauricio Gil (21-15-2, 13 KO).
“Como has dicho, lo que significa para Umara ya es el sí o el no de continuar en la carrera del boxeo’’, expresó Fernández con la serenidad de quien conoce de sobra los vaivenes del deporte.
“Ha tenido muchas posibilidades, ha habido muchas fallas de una forma u otra. No ha tenido la suerte que uno ha querido en algunas peleas, pero bueno, esto es cosa del boxeo’’.
Según su entrenador, esta próxima presentación no es solo una pelea más en el récord. Es parte de un proceso mayor: devolverle el rumbo a un muchacho que todavía es muy joven, con 24 años, y que realmente posee habilidades, pero que ha quedado a deber.
Cuando Umara (13-4, 9 KO) llegó a los Estados Unidos, tras una estancia en México, lo hizo con la credencial de haber conquistado un título mundial en la categoría juvenil, de la misma manera que su compatriota David Morrell, pero a diferencia del “Rey David’’ nunca pudo tocar la gloria del boxeo.
“Umara viene a una pelea de confrontación, de preparación, con vista a mejores peleas’’, agregó Fernández.
“Lo llaman constantemente a pelear, pero queremos que vuelva a la senda de la victoria. Y de ahí proyectarnos a Umara ya no a cuidarlo, sino a ir a soltar todo lo que tiene’’.
El recuerdo de su última presentación aún pesa. Umara tuvo que abandonar por problemas de salud y eso dejó heridas emocionales profundas, porque de haber ganado esa noche se le habrían abierto demasiadas puertas en la categoría de las 140 libras.
“Dolió demasiado’’, recordó Fernández de esa derrota en el Hotel Caribe Royale.
“Desde él hasta el último del equipo, todos depositamos la confianza en él. Ya hubiéramos pasado a otro nivel completo. Todo estaba previsto, pero bueno, son cosas del boxeo’’.
Pero más que la derrota, lo que les duele es el parón, el freno que representa en su evolución.
“A nosotros no nos preocupa tanto la derrota, como el bache de cómo te frenas en la carrera. Porque perder, pierde cualquiera, ¿entiendes? Tres, cuatro derrotas no se echan a ver en el boxeo. Hay boxeadores con nueve, diez, doce derrotas y son campeones mundiales’’.
El caso de Umara ilustra perfectamente, aunque no justifica del todo, el por qué a algunos peleadores cubanos les cuesta mucho subir la cuesta en los rangos profesionales, aunque hayan contado con un sólido pasado amateur en la llamada escuela del país.
“Ellos se ven muy afectados porque desde que se alejan de la familia y todo, tienen la presión’’, explicó el entrenador. “Y por supuesto es un inmigrante irregular, donde todavía a esta altura no tiene el estatus de residente. Está lejos de su hijo, lejos de su mamá, lejos de todo’’.
Esa carga emocional, sumada a los rigores del ring, no es fácil de sobrellevar.
“Él es un muchacho joven con tremendas condiciones, y eso pensamos que psicológicamente lo haya afectado un poco’’, reconoce Fernández.
Pero ni él ni su equipo han dejado de creer.
“Pensamos que sí, confiamos en él’’, recalcó.
“Nosotros no somos personas en esta compañía de abandonar boxeadores. Seguimos y seguimos hasta donde quiera que dé, hasta donde él decida si quiere seguir o no seguir. Nuestro objetivo es lograr la meta y con él tenemos posibilidad de que a partir de ahora se realce su carrera’’.
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de junio de 2025, 8:40 a. m..