La derecha llegó a su destino: Joshua noquea y Jake Paul sobrevive. Al final los dos ganan algo
No fue el nocaut exprés que Anthony Joshua había anticipado, pero sí fue el desenlace que todos esperaban. El británico, ex campeón mundial unificado de los pesos pesados, terminó imponiendo su jerarquía y experiencia ante Jake Paul, a quien desgastó round tras round hasta forzar una detención en el sexto asalto, en una pelea que mezcló espectáculo, curiosidad y una dosis inevitable de realidad boxística.
El sábado en el Kaseya Center de Miami, Joshua persiguió sin pausa a un Paul cada vez más exhausto, castigándolo con golpes al cuerpo que fueron minando sus reservas hasta que la resistencia se quebró. El derribo fue el preludio de un cierre contundente arriba, con una derecha pesada que dejó claro que la diferencia de nivel, tamaño y recorrido no podía ocultarse para siempre.
“No fue mi mejor actuación”, reconoció Joshua tras el combate. “El objetivo era presionarlo, acorralarlo y lastimarlo. Tal vez tomó más tiempo del esperado, pero la derecha terminó llegando a su destino”.
Paul, fiel a su instinto de supervivencia, apostó por moverse, girar y amarrar cuando pudo. Fue una estrategia comprensible, aunque frustrante para el público. Sin embargo, dadas las circunstancias —un rival mucho más grande, más curtido y con una carrera real en la élite—, el estadounidense sobrevivió más de lo que muchos anticipaban.
“Jake Paul lo hizo bien esta noche”, admitió Joshua. “Se levantó una y otra vez. Fue duro para él, pero siguió buscando la manera. Eso requiere carácter. Hoy se enfrentó a un peleador real, que venía además de 15 meses sin pelear. Ya sacamos el óxido y estoy listo para lo que viene en 2026”.
Ese “lo que viene” tiene nombre y apellido: Tyson Fury. Joshua no perdió tiempo y lanzó el desafío al excampeón lineal, cuya más reciente retirada pocos creen definitiva.
“Si Tyson Fury es tan serio como dice, que deje de escribir en redes, se ponga los guantes y se suba al ring conmigo”, lanzó Joshua, encendiendo una rivalidad que el boxeo lleva años esperando resolver.
Del otro lado, Jake Paul salió golpeado, ensangrentado y, según él mismo confesó, con la mandíbula fracturada, pero sin perder el entusiasmo. El estadounidense, ahora con marca de 12-2, asumió el castigo con una mezcla de crudeza y orgullo.
“Me siento bien. Fue divertido. Amo este deporte. Lo di todo”, dijo Paul. “Anthony es un gran peleador. Me dieron una paliza, pero de eso se trata este deporte”.
Paul admitió que el peso y la potencia de Joshua terminaron por vaciarle el tanque. Su movilidad inicial se transformó en intentos desesperados por amarrar, que casi siempre acabaron con él en la lona o contra las cuerdas.
“Me cansé, honestamente. Manejar su peso fue demasiado. Si hubiera tenido mejor cardio, quizás podía seguir, pero él pega durísimo”, explicó.
Sin embargo, lejos de hablar de retirada, Paul aseguró que tomará un breve descanso, sanará las heridas y volverá, esta vez ante rivales de su división natural.
“Vamos a curar la mandíbula y regresar para pelear con gente de mi peso. Quiero un título mundial crucero. Amo esto y algún día voy a ganar un cinturón”.
Joshua hizo lo que tenía que hacer. Paul hizo lo que pudo. Y el boxeo, una vez más, recordó que el espectáculo puede atraer miradas, pero al final, la jerarquía siempre termina pasando factura.