Boxeo

Los verdaderos problemas de peso de los boxeadores cubanos


NESLAN MACHADO fue el gran ganador de la velada del 15 de agosto en Wynwood, al aprovechar el puesto de estalar y vencer al mexicano Christian Esquivel.
NESLAN MACHADO fue el gran ganador de la velada del 15 de agosto en Wynwood, al aprovechar el puesto de estalar y vencer al mexicano Christian Esquivel.

No será el primero ni el último, pero al rebasar el peso mínimo establecido de 122 libras para su pelea del pasado sábado en la cartelera celebrada en Wynwood, Hairon Socarrás desató una polémica que todavía perdura en todas las esquinas de Miami donde se respira deporte y especialmente el boxeo.

Más sincero no pudo sonar Socarrás, un chico bueno de 23 años que en poco tiempo ha enfrentado los rigores y los dolores de la vida, dentro y fuera del cuadrilátero, cuando pidió disculpas a la afición por no habar podido defender en la báscula lo que, sin duda, habría peleado con sus puños.

Ciertamente, no hay excusa, y se debe criticar a un boxeador cuando no da el peso, sea Julio César Chávez Jr., Floyd Mayweather o Hairon Socarrás. Hacer el peso es un compromiso que se establece por adelantado y por escrito con el público, con el rival y con uno mismo. Desconocer ese pacto de libras puede traer repercusiones nefastas para el que incumple y para el que acepta.

Pero no seamos punzantes a la hora de señalar a Socarrás, quien hizo su mayor esfuerzo por rebajar y quien, honestamente, creyó que el viernes 14 de agosto estaría listo para combatir el sábado contra el mexicano Hanzel Martínez, un púgil desconocido y oscuro al cual solo ahora, por esta polémica, conocemos.

Mala pasada

El cuerpo del cubano, sin embargo, le jugó una mala pasada y unas libras más allá lo colocaron, a él y a su oponente, en la encrucijada de seguir adelante con una cita largamente esperada por sus seguidores en Miami. Y aquí es donde aparece la Manzana de la Discordia.

Martínez se marchó el mismo sábado y, de acuerdo con declaraciones al programa A Los Golpes, de ESPN Deportes Radio, solo se le ofrecieron $1,000 para bailar encima del ring la danza peligrosa del boxeo, con una actitud de lo tomas o lo dejas, que lo incomodaron a él y a su equipo de trabajo.

Los promotores de Socarrás aseguran que la compensación al mexicano osciló entre $5,000 y $10,000, y que les sorprendió mucho la negativa a pelear, cuando ya esto es práctica común en el pugilismo actual, y más cuando se trata de un guerrero de esa noble tierra que tantos campeones valientes ha dado.

El hombre que más vela por los intereses de Socarrás en esta tierra, su padre Javier, fue más allá al decir que habría algo de conspiración y que Martínez "llegó con una agenda'' para hacer fracasar la velada en nombre de otros promotores locales que para nada querían el éxito de la función.

Siempre sin filtro y con la franqueza por delante, Javier arremetió en la 1210 AM, filial de ESPN Radio en Miami, contra hombres de negocios y boxeadores cubanos que no hacen más que criticarse y envidiarse entre sí, olvidando que son los mismos cubanos los más perjudicados por la paulatina extinción de un talentoso grupo de púgiles a los cuales apenas se les ve combatir o van a una muerte segura y predeterminada en peleas donde no llevan las de ganar.

Dolor de padre

Algo de verdad puede haber en las palabras de Javier Socarrás, pero este incidente del sobrepeso de su hijo no debiera ser punto de desunión sino de encuentro. Su catarsis debería servir para revisarnos todos, al menos los implicados en el boxeo y analizar que impide a los boxeadores cubanos alcanzar un punto superior.

Pero digo todos. Desde el campeón más encumbrado hasta el joven desconocido; desde el súper promotor hasta aquel recién llegado al negocio del negocio del dolor con la esperanza de hacer dinero; desde el oscuro entrenador en un gimnasio en Hialeah hasta los profesores graduados en el Fajardo.

Y cuando digo todos, claro está, la prensa también va incluida.

Sé que es casi utópico pedir una especie de unión. Los cubanos somos una especie rara que -y perdónenme el pesimismo- generalmente buscamos aquello que nos diferencia en vez de lo que nos acerca. ¿Sería demasiado tonto de mi parte pedir un cambio de actitud para salvar los restos del futuro de muchachos como Socarrás?

A esta altura del juego ya ni vale la pena buscar un culpable o quién dice verdad o mentira. Lo importante es mirar adelante con valentía y sentido de responsabilidad para no estancarnos en discusiones inútiles. Es hora, pues, de mirar de frente los innegables problemas de peso de los boxeadores cubanos.

Siga a Jorge Ebro en  Twitter: @jorgeebro

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de agosto de 2015, 3:15 p. m. with the headline "Los verdaderos problemas de peso de los boxeadores cubanos."

Artículos relacionados el Nuevo Herald
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA