El Tren y su largo viaje de regreso al ring: peleador cubano va a Uzbekistán para reiniciar su carrera
El boxeo, como la vida, suele conceder segundas oportunidades disfrazadas de caminos lejanos.
Para Robeisy Ramírez, ese nuevo comienzo tendrá acento exótico y escenario inesperado: la ciudad de Taskent, Uzbekistán, donde el próximo 29 de mayo intentará reencontrarse con la versión que lo llevó a la cima del peso pluma.
Atrás queda una etapa de luces y sombras, marcada por la conquista de un título mundial y una reciente ruptura con la promotora Top Rank que lo acompañó en su ascenso, pero ahora surge el inicio de una nueva ruta hacia la grandeza.
Una fuente cercana al boxeador confirmó la pelea, pero también indicó que faltaban detalles por afinar y que el contrato todavía no se había firmado, aunque la promotora Lift, encargada del evento, ya lo daba como un hecho consumado.
Con marca de 14-3 y nueve nocauts, el doble campeón olímpico cubano enfrentará al local Asror Vokhidov en el Humo Arena, en una cartelera que forma parte de una apuesta emergente del boxeo en Asia Central, de donde han salido muy buenos guerreros.
Será su primera presentación desde diciembre de 2024 cuando cayó en la revancha ante el mexicano Rafael Espinoza, un golpe duro que lo sacó momentáneamente del radar de la élite en las 126 libras y congeló su impulso competitivo.
“Ha pasado ya un año y tres meses desde mi última pelea’’, había comentado en entrevista reciente Ramírez.
“Fue un tiempo productivo en lo personal porque pude estar con la familia, algo que hacía años no podía por el trabajo. Pero ya tengo muchas ganas de volver’’.
Pero si algo ha definido la carrera de Ramírez es su capacidad de reinventarse. Desde sus días dorados en el olimpismo hasta su consolidación profesional, el guantanamero ha sabido levantarse en momentos críticos, como sucedió tras su primera derrota en el pugilismo de paga.
Ahora, sin las ataduras de su antiguo contrato y con un nuevo equipo a su alrededor, busca reescribir su narrativa en un escenario donde también dirán presente figuras como Murodjon Akhmadaliev y talentos olímpicos locales, en una velada que mezcla experiencia y proyección.
Más que una simple pelea, esta presentación representa una declaración de intenciones.
Ramírez no viaja a Uzbekistán solo a sumar una victoria, sino a recordarle al mundo que todavía pertenece a la conversación de los grandes nombres del peso pluma.
En un deporte donde la memoria suele ser corta, cada asalto será una oportunidad para reconstruir su lugar y demostrar que su historia aún tiene capítulos por escribir.
“Pobrecito el que toque ahora’’, agregó Ramírez en la entrevista.
“Va a pagar todas las ganas y todo el tiempo que llevo sin pelear’’.