El Monstruo impone su ley en Tokio en una guerra histórica ante Junto Nakatani
En una noche que Japón esperaba desde hace años, Naoya Inoue volvió a escribir su nombre en lo más alto del boxeo mundial. Y lo hizo a la manera de los grandes campeones: sufriendo, ajustando y cerrando con autoridad una pelea que rozó lo histórico ante Junto Nakatani en el Tokyo Dome.
Frente a una multitud de más de 55.000 espectadores, el combate fue vendido como el más grande en la historia del boxeo japonés, y durante largos tramos cumplió con cada expectativa. Dos talentos en plenitud, midiendo cada movimiento como si el mínimo error pudiera costarles todo.
Desde el inicio, la tensión se podía cortar. Inoue salió con su velocidad habitual de piernas, entrando y saliendo con el jab, mientras Nakatani respondía desde la guardia zurda con un trabajo largo de derecha que intentaba mantener al campeón a distancia. Era un ajedrez de alto nivel, sin espacios y con respeto absoluto.
Con el paso de los asaltos, el campeón comenzó a encontrar mejores ángulos. Inoue fue cerrando el ring con inteligencia, ganando terreno en la batalla del jab y estableciendo una ligera ventaja en las tarjetas. Pero Nakatani, lejos de ser un invitado, respondió con autoridad en los tramos medios, obligando al monarca a reajustar su ritmo.
El punto de quiebre llegó en los asaltos de campeonato. En el octavo, Nakatani se animó a plantarse en el centro del ring y llevó a Inoue contra las cuerdas con una ráfaga de combinaciones que encendió al público. El campeón lo sintió, pero respondió con frialdad, incluso con una sonrisa desafiante, invitando al intercambio.
El noveno fue probablemente el mejor capítulo del aspirante, conectando manos claras y un uppercut que sacudió al campeón. Por momentos, el combate parecía inclinarse. Pero en este nivel, los detalles son decisivos.
La tragedia para Nakatani llegó en el décimo asalto, cuando un choque de cabezas le provocó un corte profundo sobre la ceja derecha. A partir de ahí, la pelea cambió por completo. Con la visión afectada, el retador comenzó a perder precisión y Inoue no perdonó: atacó la zona dañada con inteligencia quirúrgica en el undécimo.
Para el asalto final, el campeón llegó con ventaja y control emocional del combate. Nakatani intentó un último esfuerzo, pero ya era tarde. Inoue se movió con inteligencia hasta escuchar la campana definitiva.
Las tarjetas reflejaron la competitividad del duelo: 115-113 y dos 116-112 a favor de Inoue, que mantiene su condición de monarca indiscutido del peso supergallo con marca de 33-0 (27 KOs). Nakatani, que cae por primera vez como profesional, deja una actuación que, pese a la derrota, eleva su estatus competitivo.
El cierre fue el esperado entre dos guerreros que se respetaron dentro y fuera del ring. Un abrazo final que resumió lo visto: una pelea de élite, sin trucos, sin atajos, y con dos boxeadores que rozaron la excelencia.