Boxeo

Algo sabía Mike Tyson. El Mexican Monster desgarra al Zurdo en Las Vegas y apunta a Canelo

El “Monstruo Mexicano” David Benavidez domina con velocidad, poder e inteligencia para conquistar títulos en tres divisiones y lanza un nuevo reto a Canelo Álvarez
El “Monstruo Mexicano” David Benavidez domina con velocidad, poder e inteligencia para conquistar títulos en tres divisiones y lanza un nuevo reto a Canelo Álvarez

Cuando Myke Tyson bautizó a David Benavidez como el “Mexican Monster’’, muchos creyeron que era un apodo sin consecuencias. Después de lo sucedido este sábado en Las Vegas, nadie duda de la certeza del sobrenombre y de lo mucho que puede significar en el futuro.

Con una mezcla de furia controlada y precisión quirúrgica, el peleador invicto convirtió su ambición en realidad al detener a Gilberto “Zurdo” Ramírez en el sexto asalto, en una actuación que lo elevó a un territorio reservado para muy pocos.

No solo destronó al campeón unificado del peso crucero, sino que se convirtió en el primer boxeador en conquistar títulos mundiales en las 168, 175 y 200 libras. Benavidez (32-0, 26 KO) no dejó dudas. Lo suyo no fue una victoria: fue una declaración.

Desde el primer campanazo, marcó el ritmo con su velocidad de manos, castigando el rostro de Ramírez con derechas rectas y combinaciones que encontraron destino una y otra vez. El mexicano, más grande físicamente, intentó imponer su volumen y su zurda pesada, pero cada intento parecía caer en una trampa cuidadosamente diseñada.

La pelea cambió de tono cuando el rostro de Ramírez comenzó a delatar el castigo. Su ojo derecho, inflamado, se convirtió en blanco fijo de Benavidez, quien olió sangre y no dudó con una presión y una velocidad de manos que presagiaban el final.

En el cuarto asalto llegó el primer aviso serio: una combinación rápida coronada por un gancho de izquierda estremeció al “Zurdo” y lo envió a la lona por primera vez en su carrera. A partir de ahí, el combate tomó un solo sentido y no miró hacia atrás.

Benavidez no bajó el ritmo. En el quinto, absorbió la reacción de orgullo de Ramírez y respondió con autoridad. Y en el sexto, terminó la obra. Un izquierdazo limpio abrió la puerta. Luego vino la tormenta: golpes secos, precisos, inevitables.

Ramírez volvió a caer, esta vez sin respuestas. Cuando el árbitro se acercó, la señal fue clara. No había más que hacer. El final llegó con un segundo en el reloj, pero la pelea ya estaba decidida mucho antes, quizá antes de que comenzara.

Ramírez (48-2, 30 KO), quien solo había perdido ante Dmitry Bivol, jamás había sido noqueado. Hasta ahora, lo cual no es un dato menor.

“Estoy listo para cualquiera”, soltó Benavidez sobre el ring, con la confianza de quien sabe que acaba de dar un golpe sobre la mesa del boxeo mundial. Y no perdió tiempo en apuntar hacia el siguiente capítulo.

Con Saúl “Canelo” Álvarez presente en la arena, el nuevo monarca dejó claro que hay cuentas pendientes. Durante años, ese combate se escapó entre mandatorias ignoradas y oportunidades que nunca llegaron. Pero ahora, con un título en las 175 libras en su poder, el escenario es distinto.

Después de lo visto, Benavidez no solo ganó cinturones. Ganó legitimidad, respeto… y quizás el derecho a exigir la pelea que siempre quiso. Porque si algo quedó claro el sábado por la noche, es que el “Monstruo Mexicano” o “Mexican Monster”, dicho en el idioma que sea, ya no persigue la historia.

Ahora la historia lo persigue a él.

Jorge Ebro
el Nuevo Herald
Jorge Ebro es un destacado periodista con más de 30 años de experiencia reportando de Deportes. Amante del béisbol y enamorado perdido del boxeo.
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