Adiós al Puma de Baracoa, el cubano que conquistó España y se convirtió en leyenda del boxeo mundial
La historia del boxeo perdió este martes a uno de esos nombres que trascienden generaciones. José Adolfo “Pepe” Legrá Utría, el hombre que salió de Baracoa con una maleta cargada de sueños y terminó convertido en ídolo de España y campeón del mundo, falleció a los 83 años dejando detrás una carrera que difícilmente volverá a repetirse.
Legrá no solo fue un extraordinario boxeador. Fue también el símbolo de toda una generación de cubanos que debieron abandonar su tierra para buscar un futuro lejos de casa. En España encontró una segunda patria, pero jamás olvidó sus raíces. Allí construyó una leyenda que todavía hoy ocupa un lugar privilegiado en la historia del deporte ibérico.
Apodado “El Puma de Baracoa” y también “El pequeño Cassius Clay”, por la velocidad de sus manos, la elegancia de sus movimientos y un carisma natural que conquistaba al público, Legrá convirtió cada combate en un espectáculo. Peleaba con una mezcla de inteligencia, reflejos y valentía que lo hizo diferente en una época dorada del boxeo.
Su ascenso fue meteórico. En 1967 conquistó el campeonato europeo del peso pluma al derrotar por nocaut en tres asaltos al francés Yves Desmarets, iniciando una dinastía continental que lo llevaría a coronarse siete veces campeón de Europa.
Un año después llegó el momento que cambió su vida. El 24 de julio de 1968, en Porthcawl, Gales, noqueó en cinco asaltos al británico Howard Winstone para conquistar el cinturón mundial del Consejo Mundial de Boxeo (CMB). Era el premio a años de sacrificio lejos de Cuba y el reconocimiento de que estaba entre los mejores peleadores del planeta.
El reinado, sin embargo, duró apenas seis meses. En Londres perdió el título frente a Johnny Famechon en una decisión por puntos que muchos aficionados y especialistas consideraron injusta. Pero Legrá nunca fue un hombre dispuesto a quedarse lamentando una derrota.
En 1972 viajó hasta Monterrey, México, decidido a recuperar la corona. Allí noqueó en diez episodios al mexicano Clemente Sánchez para convertirse nuevamente en campeón mundial y confirmar que pertenecía a la élite del boxeo internacional.
Durante la década de los 70 compartió el estatus de gran figura del deporte español junto a leyendas como Manuel Santana y Ángel Nieto, convirtiéndose en uno de los atletas más admirados del país. Su historia representaba mucho más que victorias: era la del inmigrante que, con talento y perseverancia, alcanzó la cima sin perder la humildad.
Fuera del cuadrilátero, Legrá siempre fue reconocido por su sencillez, su cercanía con la gente y el orgullo con que hablaba de Baracoa, la ciudad donde comenzó una aventura que terminaría escribiendo uno de los capítulos más brillantes del boxeo de habla hispana.
Con su partida desaparece una de las grandes figuras del pugilismo cubano, pero permanece intacto un legado construido a fuerza de golpes, sacrificio y dignidad. José Legrá ya pertenece para siempre al selecto grupo de campeones cuya historia nunca dejará de contarse.