Peter Quillin quiere ser un homenaje vivo a Kid Chocolate
Cuando se le pregunta qué significa Cuba, Peter Quillin suelta que "yo soy un guajiro con tumbao'', pero se torna un poco serio y jura que cada día aprende más español, porque se lo ha prometido a su padre y es un compromiso que ha asumido consigo mismo, pero por ahora no va más allá de unas cuantas palabras juntas en el idioma de Cervantes.
Tal vez dos meses de estancia en Miami hayan ayudado a Quillin a mejorar su segunda lengua, porque el guerrero que se hace llamar "Kid Chocolate'' realizó su entrenamiento para la pelea de este sábado en Nueva York contra Daniel Jacobs en el famoso Gimnasio de la 5ta Calle en La Playa.
"Han sido semanas increíbles, llenas de mucho amor, porque todo el mundo me reconoce y me pide que siga ganando'', apuntó Quillin, quien combate en las 160 libras. "Ya los cubanos me sienten como suyo, y yo me siento, en gran parte, cubano. Quiero que cada vez que me vean en el ring, siantan que estoy peleando por ellos''.
Quillin (32-0-1, 23 KO) está consciente de que lleva un sobrenombre demasiado pesado, que atrae comparaciones inevitables con aquel maestro, Eligio Sardiñas, quien es considerado a través de las épocas uno de los más grandes que jamás haya puesto un pie en los cuadriláteros.
"Mi papá me puso ese sobrenombre, porque siempre estaba hablando de Kid Chocolate y dice que me parezco físicamente a él'', expresó Quillin. "No hay nada de pretencioso en ello. Sólo el deseo de rendir tributo a ese grande y de paso, a la nación cubana. A papá siempre lo envuelve la nostalgia''.
La nostalgia, sin duda, ha sido parte del proceso que ha convertido a Quillin en uno de los mejores púgiles del momento. Su padre, Pedro, llegó a Estados Unidos durante los turbulentos días del puente marítimo del Mariel, en busca de nuevos horizontes, pero sus comienzos en esta tierra no fueron del todo fáciles y el niño creció en Grand Rapids, Michigan -la misma ciudad de Floyd Maywheater Jr.-, en medio de privaciones.
"Recuerdo que llegué sin nada y pasé muchos trabajos'', explicó Pedro Quillin. "Pero ahora veo con orgullo como Peter va creciendo y la gente lo quiere, porque es bueno dentro y fuera del ring. No puedo pedirle más a la vida''.
Tras una breve incursión en el pugilismo amateur y con grandes posibilidades de hacer alguna escuadra olímpica, Quillin decidió no esperar y saltó al profesionalismo con apenas 21 años. Para el 2002 el chico se había reubicado en Nueva York para estar cerca de los grandes gimnasios y las carteleras, y la movida comenzó a dar frutos casi de inmediato.
Quillin siempre contempló al boxeo como un amor a primera vista, pero igualmente como una vía para salir adelante y ayudar a su familia, de aquí y del otro lado del Estrecho de la Florida. Nunca olvidará el viaje a La Habana, en noviembre del 2010, cuando visitó a sus tres medio hermanos que aún viven en la capital cubana y que le revivieron esa fuerza que nace de la misma sangre.
"Mi papá es de Santiago, pero vivió mucho tiempo en la Habana, y en esa misma casa aún permanecen mis familiares, en condiciones que no son las mejores'', comentó Quillin. "Yo siento que subo al ring por todos ellos''.
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Esta historia fue publicada originalmente el 4 de diciembre de 2015, 3:34 p. m. with the headline "Peter Quillin quiere ser un homenaje vivo a Kid Chocolate."